Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Amistad entre leones y ratones

Llevo varios días pensando en la amistad.

Llevo varios días pensando en mis amigos.

Si hay algo que esta pandemia nos ha traído es un cambio en la manera de relacionarnos con la gente que tenemos alrededor e incluso con la gente que tenemos lejos. Y no es necesariamente un cambio a mejor, no todos lo son.
Yo, que me podría definir como muy sociable, incluso, dependiendo a quién se le pregunte el adjetivo cambia y la descripción se convierte en “excesivamente sociable” pudo afirmar, con rotundidad, que tengo muy buenos amigos y por ello soy muy afortunada.

No todos nuestros conocidos son amigos, claro, conocemos muchísima gente a lo largo de nuestra vida. Y no todos nuestros amigos permanecen, las relaciones sociales cambian, la gente viene y va y los lazos que forjamos se debilitan, desaparecen y a veces resurgen como el ave fénix de sus cenizas. La amistad es un concepto que está vivo y en constante evolución, como el ser humano.

Pero los buenos amigos, los de verdad, son aquellos que, sin dudarlo, lo dejarían todo por escucharte, ayudarte, darte una mano cuando la necesitas.

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Daniela, y yo, piratas

Todos los años espero, impaciente, el resumen que mi amiga Helena hace de su año cada 31 de diciembre. No os dejo enlace a sus redes sociales porque es personal, intransferible y, además, yo no salgo, pero me gusta especialmente su manera de relatar detalles mínimos como si fuesen grandes hazañas, y el modo que tiene de hacerte sentir parte de ello, aunque no hayas vivido cada episodio.
No voy a culpar al 2020 de nuestra distancia, somos unas desapegadas de serie, y vivir en ciudades diferentes no ayuda, pero nos echamos un ojo la una a la otra, nos lanzamos mensajitos clave (cumpleaños, navidades, etc…) y estamos pendientes cuando algún mensaje en el mundo digital nos dice que la otra puede necesitar hablar.

Su resumen de todos los años inspiró mi entrada del blog del año pasado, y este año, de nuevo he estado esperando su foto acompañada de texto.

Resumir 2020, por mi parte, sería caer en el tópico mas manoseado de esta semana. Hay listas interminables de libros más leídos, de lo mejor del año, de lo mejor de la literatura patria… y yo sólo he escrito 5 artículos, porque no he tenido demasiadas ganas de sentarme delante de esta página en blanco.

Sin embargo, emulando a Helena y a mi propia entrada del año pasado puedo deciros que Goodreads hoy me dice que he leído 59 libros, me fijé un objetivo de 65, así que he alcanzado el 90% de mi propio reto, creo que no está nada mal. 16.081 páginas, 3000 más que el año pasado, ¡bendito confinamiento!
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El muro en mitad de la vida

Para mí ya no existen las rutinas pre-pandemia.

A mediados de marzo tenía una planificación semanal perfectamente estructurada, cada pieza del puzzle encajaba en su sitio, cuadraban los horarios y tenia, incluso, tiempo para sentarme delante de esta hoja en blanco y desahogar mis inquietudes.

Todo eso se paralizó de golpe y la vuelta al cole no ha supuesto, exactamente, retomarlo todo donde lo dejamos.

Estamos construyendo nuevos horarios adaptados a la nueva realidad que vivimos, y yo me pregunto, todas las mañanas, qué día es para saber si hoy he de ir a trabajar a la oficina o si me quedo en casa y, a partir de ahí, resolver un número infinito de incógnitas: ¿tengo reuniones hoy? De ello dependerá si llevarme el portátil, ¿recojo al pequeño yo? Bici con o sin silla de niño, ¿fiambrera con comida?, ¿equipamiento de fútbol?, ¿mochila con las cosas de inglés? Etc…

Y a veces, de pronto, surgen cambios, novedades, que me dejan sin aliento, paralizada.
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Mucha gente con bombín

Hoy hace exactamente 9 semanas que estamos en casa.

Las primeras fueron las más complicadas, claro, sobre todo en las casas con niños, que se convirtieron, cada uno de ellos, en pequeñas hordas de gatos enjaulados.

Hace ya algunas semanas que pueden salir a pasear una hora al día, algo que en muchos casos ha supuesto un gran beneficio. Los niños necesitan aire libre, deporte y actividad física.

Algunos niños necesitan cansarse para poder descansar bien, tienen demasiada energía que quemar. Algo que también les pasa a algunos adultos.

Sin embargo he observado que, al margen de estar en casa y salir o entrar, hay gente a la que, simplemente, le cuesta ser feliz.

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Memorias de un estado de alarma, en pijama

Hoy hace exactamente 24 días que el pequeño de la casa y yo quedamos confinados por el estado de alarma.
Él, por el cierre de colegios, y yo enviada al teletrabajo. Solamente padre continúa acudiendo a trabajar algunos días.

En estos 24 días yo he salido un par de días a comprar, mientras que él ha visto la vida pasar desde nuestro mini balcón y ha salido a aplaudir, con entusiasmo los primeros días, más por inercia últimamente.

Hemos pasado por todas las fases anímicas posibles en este hogar, hemos pasado días tristes y alegres, días en los que no nos podíamos aguantar las ganas de salir, días en los que no tenemos ganas de hacer nada, días de limpieza de casa a fondo, días de inventar mil y una actividades, días de sólo ver la televisión…

Pero no hemos pasado ni un solo día sin leer.

En esta casa se lee todos los días un poco. En familia y de manera individual.

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Es un libro – It’s a book

En los últimos diez días ha habido tres eventos relacionados con libros que me gustaría destacar:

La semana pasada tuve un desastre tecnológico.

Mi querido y adorado libro electrónico, que me ha acompañado a lo largo de más de 10 años, pasó a mejor vida.

Se rompió la pantalla, probablemente porque lo llevaba en el bolso sin funda, pero no es hora de buscar culpables, sólo de lamentar.

Si soy objetiva, me ha dado un servicio excelente.

He leído, releído y viajado con él. Hasta la saciedad.

Como cliente satisfecho he recomendado, a todo el que ha querido escucharme, que comprase esa misma marca, que se dejase de retroiluminaciones, de pantallas táctiles, de versiones tablet y otras novedades tecnológicas y que se decantasen por la sencillez.

Un libro electrónico.

Tinta electrónica.

Un libro.

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¡Shhh! para el 2020 tenemos un plan

Llevo todo el día haciendo balance mental de lo que ha sido el 2019.

En enero escribí “Buenos propósitos de año nuevo” una especie de propósito general para el año a modo de declaración de intenciones y hoy lo he releído con la esperanza de haber cumplido algo de lo establecido. Estoy satisfecha.
Puedo decir, con orgullo, que he rozado el notable.

Cierro el año con la certeza de que he intentado ser fiel a mis ideales y al menos algo de lo propuesto se ha cumplido.
Y al repasar este año puedo hacer un pequeño resumen:

He leído 54 libros según Goodreads, 11 menos de los que me había propuesto y que conforman un total de 12.297 páginas.

No está mal.

Aunque siendo sincera he leído menos de lo que me habría gustado, arrastrada por la vorágine del cansancio diario y la oferta de series de los canales de pago a los que estoy suscrita. Si bien al menos una de esas series me ha llevado a empezar una nueva saga de libros.
Voy a ir estableciendo, como mínimo, el mismo objetivo de lectura que no he podido cumplir, con el firme propósito de cumplirlo esta vez.

Me he apuntado al gimnasio, tarde, ya era octubre, pero he ido y sigo yendo.

He empezado a ir en bici a diario. He reducido mi consumo de deshechos. He comido más sano, he cocinado más y he comprado menos cosas que no necesito.

He escrito, con esta, 21 entradas en el blog.

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Rana de tres ojos – reciclar y reutilizar

¡Qué buen tiempo hace!

Hemos entrado en invierno oficialmente y la semana pasada disfrutamos de un domingo maravilloso a 23 grados.

Un día estupendo de circo con el pequeño de la casa y de comida de navidad con amigos, los de siempre, los de todos los días.
Un día primaveral, con sol y calor, un día en que nos sobraban las chaquetas y la camiseta interior.
Un día con temperaturas que deberían preocuparnos enormemente, sobre todo porque no ha sido el día más caluroso de diciembre en nuestra ciudad.
Un día que, probablemente, se repita más a menudo de lo que nos gustaría y que debemos entender como una llamada de atención de la naturaleza.

Estamos destruyendo el planeta y es nuestra responsabilidad explicar a las generaciones que vienen qué consecuencias puede acarrear nuestra irresponsabilidad ecológica.

Pertenezco a una asociación cultural y este año hemos decidido que uno de nuestros objetivos ha de ser el reciclaje del 90% de nuestro residuo sólido, así que dicho y hecho, nos hemos puesto manos a la obra y hemos preparado 4 contenedores para empezar con la selección de basuras, hemos repetido hasta la saciedad nuestra intención de dejar de consumir fungibles plásticos y hemos asumido que la parte del aprendizaje ya estaba impartida.

¡Menudo error!

Recoger las mesas de la comida nos demostró que todavía nos queda demasiado camino por recorrer, no sólo por aquellos que no separan, sino por los que se ríen abiertamente de los que si que lo hacemos. Y, sobre todo, por la falta de conciencia general.

Mientras tanto seguimos comentando la temperatura que hace en la calle…

¡Cualquiera diría que estamos en diciembre!

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Los cuentos que nunca nos contaron

Desde hace un par de semanas me apetece mucho sentarme delante de una chimenea a contemplar el fuego y leer.

Se lo he dicho a mis amigas varias veces y ellas se sonríen y me miran como si estuviese un poco loca, y probablemente sea ese el caso, pero hemos tenido un par de días de frío intenso en noviembre, algo de lluvia y a mí me nace ese anhelo por dedicarme a la vida contemplativa y lectora frente al fuego.

No tenemos chimenea, pero puedes ponerte la de netflix me sugirió una de ellas.

Efectivamente.

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La vocecita de la conciencia

El otro día fui desagradable con una persona.

De manera gratuita.

Era temprano, estaba esperando un taxi y se colocó delante de mí, con el mismo propósito y a la vista de la luz verde de un vehículo que se aproximaba, salté como si me hubieran presionado un resorte y reclamé la prioridad de posesión de un modo excesivamente agresivo.

En mi defensa podría argumentar que había dormido poco, que era demasiado pronto y que llegaba tarde a coger un tren, pero, en el instante en que vi la cara de estupor de la otra persona, fui consciente de que me había pasado.

Fui demasiado agresiva anticipándome a que la otra persona iba a serlo también, probablemente debido al estilo de la sociedad en que vivimos, sin delicadeza, avasallando antes de que nos pasen por encima, golpeando por miedo a recibir.

Y llevo sintiéndome mal desde entonces, cada vez que me acuerdo.

Es algo que suele pasarme.

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