Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Cuando yo sea padre – Frederick

“Cuando tenga un hijo no lo trataré así” es una máxima que cada uno de nosotros ha pensado al menos una vez a lo largo de su infancia ante lo que hemos entendido como una negativa, un castigo o un argumento injusto en boca de nuestros progenitores.

Con el tiempo uno crece y esos momentos se diluyen pero en su cabeza, mas o menos, va formando un esbozo de lo que será su perfecto manual de la paternidad y la educación. Y por supuesto se encuentra a años luz del recibido por uno mismo.
Y ese mismo tiempo, implacable, continúa su lento discurrir y un día te miras al espejo de los recuerdos, en mitad de una perorata a tu retoño, y piensas “Mierda, me he convertido en mi madre”.

Y se cierra el ciclo de la vida una vez más.

Ayer, al entrar al mar, se me rompió una de mis cangrejeras. La verdad es que debían tener alrededor de 12 años así que están bien amortizadas y han cumplido su propósito innumerables veranos de salitre, rocas y erizos.  He llevado cangrejeras toda la vida y, ante la tesitura de elegir calzado playero para mi pequeño vástago nunca he tenido la menor duda, cangrejeras como yo, como mis hermanos y mis padres, esas que son patrimonio indeleble de mi infancia.

Sé que hay también otros detalles  que conscientemente he adoptado en ese manual de supervivencia no escrito y al que llamo <<mi manera de educar a mi hijo>> y que son un calco exacto de cosas que hacían conmigo y que poco a poco me acercan, cada vez más, a aquello que dije que nunca sería.

Así, como yo, es un niño que se baña en playa de roca, donde corta la costa y no haces pie, donde no hay arena.  Y tiene un cubito y un salabre para pasear por las pozas que se crean en las rocas y pescar peces, gambas, cangrejos y caracoles, principal actividad para ocupar mis mañanas de playa hasta bien entrada la adolescencia.
También lo llevo a una librería a elegir lecturas de verano como premio por sus buenas notas, contradiciendo esa nueva ola educativa que dice que no hay que premiar a los niños por estudiar. A mi siempre me ha parecido maravilloso recompensar el esfuerzo estudiantil con cultura y más cultura, e ir con mis padres a una librería a elegir mis lecturas de verano, que para su desgracia no me duraban tres meses, es de los mejores recuerdos que conservo de mi vida escolar.

También es verano para Frederick, el único miembro de la familia de ratones de campo que, en lugar de acumular alimentos para el invierno que se acerca, se dedica a la vida contemplativa. Cuando sus hermanos le preguntan que porqué no trabaja contesta que recoge palabras, rayos de sol y colores. Cuando ya, en plena hibernación, los ratones vean escasear el alimento, será el pequeño poeta quien, con todos los elementos que ha recogido, los entretenga hasta la llegada, de nuevo, del verano.
A la manera de la fábula de la cigarra y la hormiga, Leo Lionni hace una defensa de la cultura y de aquellos que trabajan por y en ella, ya que no solo de maíz, paja, trigo y nueces vive el ratón.

Como Frederick, creo que los niños, después de un largo invierno de trabajo, deben disfrutar del verano empapándose de largas tardes de sol, de cultura, de jugar, de leer, de poesía, de teatro, de cine. Alimentar la mente con descanso y con cultura y más cultura.

Título – Frederick

Autor – Leo Lionni

Editorial – Kalandraka

Año – 2005

 

4 Comentarios

  1. Sencillamente, fantástico….la lectura y la recomendación. Precioso. Gracias!

  2. Hermosos recuerdos, necesaria reflexión. Muchas gracias por recomendar este clásico entre los clásicos.

    • librosdesol

      18 julio, 2018 at 3:02 pm

      Muchas gracias a vosotros por una preciosa y tremendamente buena labor editorial.
      Soy fan absoluta de vuestro catálogo.
      Un saludo.

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