Hace no demasiado comentaba con un amigo la importancia de la lectura simplemente por el placer de leer y por tanto mi cabezonería a la hora de defender cualquier libro siempre y cuando consiga que la gente lea.
Me fascina las muchas veces que he tenido que hacer este alegato ante padres que me pedían literatura de calidad para sus hijos de 9 años en lugar de esa “basura literaria” que les estaba recomendando.

Esa “basura literaria” se convirtió en un record de ventas y sigue, a día de hoy, enganchando lectores de todas las edades en todo el mundo. Esa “basura literaria” era Harry Potter y la piedra filosofal.
Y para mi su mérito sigue residiendo en que enganchó a la lectura a miles de niños y jóvenes que no leían, y los convirtió de nuevo en lectores que, más adelante, han ido derivando su gusto hacia otros géneros y otros autores dentro del proceso natural de crecer y encontrarse a si mismos.

Al margen de mi profunda simpatía por la novela fantástica, Harry Potter es una heptalogía en la que los protagonistas crecen al mismo ritmo que el lector, sus juegos, sus conversaciones, sus preocupaciones y sobre todo la complejidad del texto, hacen elegante la transición literaria de niño a adulto.

No existe la basura literaria, existe la literatura que no nos gusta, y esto lo afirmo rotundamente cuando hablo de literatura infantil y juvenil.

A mi me gusta mucho el libro álbum en lugar de otro tipo de libros infantiles porque esa lectura que vive de combinar el texto y la ilustración permite, más allá de la historia, infinitas re lecturas.
Leer el texto mirando las ilustraciones en compañía del niño que aún no leer por si mismo; leer el texto a ese mismo niño, que ya se lo sabe de memoria, antes de dormir; dejar que el niño, guiado por las ilustraciones, nos vaya contando la historia a nosotros y finalmente alcanzar la edad en la que el niño es capaz de leer el texto por si mismo. Todas estas etapas hacen que el libro álbum tenga, desde mi punto de vista, una vida útil mucho mas larga que los libros de pre-lectores.

Porque los niños aprenden por repetición y habréis observado que nunca se cansan de escuchar las mismas canciones, ver los mismos capítulos de su serie favorita, la misma película de animación hasta que repiten los diálogos y por tanto, leer los mismos cuentos e incansables piden una y otra vez esa lectura que tanto les gusta, que les hace sentir cómodos y en la que descubren detalles nuevos cada vez.

Nuestro libro álbum favorito, de esta temporada, repetido noche tras noche y que siempre hace que exclame “¡otra vez!” es uno en el que los animales quieren saber a qué sabe la luna, pero por mucho que estiren sus patas y cuellos no logran alcanzarla. Una noche la tortuga decide llamar al elefante, para que se suba en su caparazón a ver si entre los dos la alcanzan pero como entre los dos no llegan llaman a otros animales, uno a uno, y van formando una torre cada vez mas alta.

¿A qué sabe la luna? es la combinación perfecta de personajes, texto y juego. Uno a uno llamamos a los animales, primero despacito y luego los nombramos de carrerilla, cuando ya los hemos aprendido todos, repasando los animales de arriba abajo y de abajo a arriba, “¡qué alta es la torre ya! ¿será suficiente para probar el sabor de la luna o necesitaremos llamar a otro amigo más para que nos ayude?” .

Un libro que habla de trabajo en equipo, de ayudarnos unos a otros para conseguir un objetivo común. Un libro que habla de cómo siendo todos diferentes tenemos cualidades únicas que aportar al equipo, como la dureza del caparazón de la tortuga o la longitud del cuello de la jirafa y, sin querer desvelaros el final, os adelanto que también habla de lo importante que es que todos participemos al margen de que nuestra cualidad parezca insignificante porque “¡qué pequeño es el ratón!, pero que generoso” y de paso aprendemos a compartir un poquito también.

Un libro que engancha, que repite los conceptos sin repetir el texto o aburrir, que hace que los niños aprendan la historia, escuchen diferentes maneras de formular la misma pregunta y terminen contándonos el cuento a nosotros mientras nos señalan las ilustraciones en las que resaltan los colores de los animales y la luna sobre el fondo oscuro de apariencia rugosa. Un libro que habla de colaboración, de amistad, de generosidad y, no nos vamos a engañar, la luna es preciosa y tiene una pinta muy apetecible… ¿A que sabrá?.

Título – ¿A qué sabe la luna?

Autor – Michael Grejniec

Editorial – Kalandraka

Año – 1999 

 

Título – Harry Potter y la piedra filosofal

Autora – J. K. Rowling

Editorial – Salamandra

Año – 1999