Como dice la descripción de este blog, vivimos deprisa y nadie cuenta cuentos ya.

Vivimos deprisa y pasamos por la vida como un torbellino, siempre hacia adelante, en la mayoría de los casos con los ojos pegados a una pantalla  siempre con el objetivo de la siguiente meta, sea llegar a trabajar, hacer la compra, cocinar y haciendo infinita esa lista de cosas importantes que debemos tachar, cubrir y a otra cosa, mariposa.

Y yo, por supuesto, no soy menos.

Echo la vista atrás y me sorprendo de que haga más de un mes que escribí el último artículo en esta página. Sé, de buena tinta, que he pensado en escribir algo al menos cinco veces por semana, y he pospuesto el hacerlo con la excusa del tiempo.
No tengo tiempo, he de ir al supermercado, no me puedo permitir el lujo de parar un rato porque he de ver un capítulo más de esa serie que me tiene enganchada, podría levantarme antes y hacerlo pero prefiero dormir media hora más… y ya van 5 semanas.

¿Y qué he hecho, que sea tan importante, en ese tiempo?

No he reído más, ni he abrazado más, ni he pasado más tiempo con mi familia y amigos, por el contrario, he llegado tarde, olvidado cumpleaños, faltado a mi promesa de hablar por skype al menos una vez al mes, y puedo afirmar, con  la vergüenza más absoluta, que me he oído decir de manera rotunda “no, otro cuento más no te puedo contar, que he de cenar y todavía tengo la cocina por recoger“.

Hoy he visto un anuncio que me ha hecho reflexionar sobre esto y me he dado cuenta de que he priorizado sin criterio, descuidando los momentos importantes, cambiando los sentimientos por migajas momentáneas de satisfacción personal.
He leído poco, mirado más la pantalla de mi móvil, mandado mensajes en un intento pobre y desnatado de suplir esa falta de atención y sobre todo he perdido tiempo que no voy a recuperar.
He olvidado preguntar “¿cómo estás?” mirando a los ojos y he ignorado las señales del camino que me lleva al ostracismo de la rutina, centrada en llegar y sin buscar la belleza.
He contado un cuento menos, he estado demasiado cansada para sentarme a jugar, y he olvidado el placer de simplemente estar, o que tomarse un café hablando de nada a veces cura más que todos los remedios para la ansiedad de no llegar.

Y entonces me doy cuenta de que ha llegado ese día,  el día que cambié a mi padre por dos peces de colores, el día que olvidé darle a las personas y los objetos el valor que realmente merecen.

¿Es posible desear algo tanto que, de pronto, valga más para nosotros que algo que tenemos y, por estar siempre ahí ha perdido su valor inicial? ¿Somos capaces de cambiar a nuestro padre por dos peces de colores, los del vecino, tan bonitos que de pronto se convierten en lo que más deseamos del mundo?.

Esta fábula de Neil Gaiman  que nos hace descubrir nuevos matices cada vez que la releemos,  con una ilustración diferente y quizá un poco más oscura de lo que estamos acostumbrados en materia de libros infantiles, a cargo de Dave Mckean, nos llevará de paseo por los distintos objetos que cada uno de los niños del cuento ha ido cambiando por el padre del protagonista, un papá que lo único que hace es sentarse delante del televisor a leer el periódico.
Y así cambiaremos peces de colores, guitarras, máscaras de gorila e incluso un conejo. Y es que este papá no ha sabido suplir a ninguno de los objetos anteriores,  y de eso se da cuenta el protagonista cuando reconoce que su única función es ser un buen papá.

Un libro lleno de humor y detalles por descubrir, con una promesa final que nos arranca una sonrisa, pero que es al mismo tiempo un poco perversa, desandamos el camino, repasamos los objetos y leemos y releemos y nos identificamos con los diferentes personajes, siendo a veces el protagonista, que anhela algo más que aquello que posee o su papá, que lee el periódico sin notar lo que sucede a su alrededor.

Quizá otro día encuentre el tiempo que me falta para contaros porque Neil Gaiman es uno de mis escritores favoritos para niños, para jóvenes y para adultos y las bondades de sus libros infantiles, novelas y cómics, ahora tengo que coger estos peces de colores y desandar el camino.

Título – El día que cambié a mi padre por dos peces de colores

Autor – Neil Gaiman

Editorial – NORMA Editorial

Año – 2003