Llevo toda la semana queriendo sentarme a escribir.

Mi idea inicial, cuando me planifiqué la semana del 8 de marzo, fue escribir un artículo al día sobre historias de feminismo pero la conjunción de los astros ha hecho que no sólo no haya escrito ni una sola reseña extra esta semana, sino que me plantee las bases sobre las que escribir hoy.

Pienso en las mujeres que me rodean y a las que llamo amigas sin reservas y las admiro.
A cada una de ellas de manera diferente, con sus virtudes y sus defectos, las quiero, las admiro y las respeto porque toman sus propias decisiones, porque eligen como vivir su vida y eso es de admirar.

Respeto por igual a la madre de familia numerosa y a la que ha decidido no serlo y por supuesto admiro a la que sacó a su hijo adelante, sola, con esfuerzo, sudor, lágrimas y sonrisas, que de esas también ha habido.
Respeto a la que se levanta a prepararle el almuerzo a su marido todas las mañanas porque lo hace porque ella quiere, porque tiene un significado personal y porque es libre de elegir no hacerlo, no es una imposición.
Respeto a las que hoy han hecho huelga y a las que no y han decidido acudir a sus puestos de trabajo, porque como todos bien sabemos la huelga es un derecho y una elección personal.

Y supongo que ahí radica la clave de todo, que hemos podido elegir ser el tipo de mujer que queremos ser.

Tenemos elección.

Echo la vista atrás y me enorgullezco de las mujeres que me han precedido. Tengo la suerte de proceder de la conjunción de dos familias compuestas por mujeres que estudiaron en la universidad, mujeres que eligieron lo que querían ser y que compaginaron sus vidas laborales, personales y familiares con muchas menos ayudas y derechos de los que disfrutamos ahora mismo.
Mi madre y mis tías anduvieron este mismo camino que transito yo ahora y llevaban unos zapatos mucho más incómodos y pesados. Y nos educaron, a todos sus hijos por igual, independientemente del sexo, para ser personas libres e iguales.

Si miro un poco más hacia atrás son otras mujeres fuertes las que sentaron estas bases, tías abuelas y abuelas que estudiaron en años mucho más difíciles, que trabajaron, que se sacaron los primeros carnets de conducir, que criaron familias numerosas o que nunca se casaron, que vivieron solas, y que tomaron decisiones.

Pero no olvido tampoco que no lo hicieron solas, igual que llegar a donde he llegado yo no ha sido un camino solitario. Las apoyaron sus padres y madres primero, sus hermanos y hermanas y sus maridos y después sus hijos e hijas o sus sobrinos y sobrinas. Y también estas tías abuelas poderosas que os he mencionado y que se merecen un artículo aparte que espero algún día sentarme a escribir.

Porque el feminismo no es exclusivo de las mujeres y no se si la lucha será feminista o no será, pero estoy segura de que será de hombres y mujeres por igual, y creo que mi hijo tendrá derecho a ser feminista, a hacer huelga, a ser lo que él quiera ser y a ser libre para decidir. Y yo estaré todo el camino a su lado, igual que su padre, dándole consejos, la mano o un empujón cuando sea necesario. Porque es trabajo de todos alcanzar la igualdad.

Es trabajo de todos cambiar las cosas, por pequeñas e insignificantes que parezcan. Y es trabajo de todas nosotras visibilizar. Y es trabajo de todas decir basta, desarraigar frases machistas, educar a niños y niñas en la igualdad, reconocer los avances de otras mujeres desde el orgullo, apoyarlas y apoyarnos.
Y hoy, además, es día de recordar y agradecer a todas las mujeres que dieron los primeros pasos por el cambio porque detrás de nuestros derechos naturales e iguales a los de los hombres, ha habido mujeres que dijeron basta y empezaron a caminar por el cambio. Y muchas fueron silenciadas, invisibilizadas y ninguneadas y merece la pena rescatarlas del olvido, darles voz, reconocer e imitar sus pasos hacia la igualdad.

Necesitamos cambiar el discurso aunque sea a la manera de Penélope en el mar, dejando que las mujeres, aún educadas para esperar y tejer y educadas para obedecer, aprendan a obedecer, si, pero a su corazón, a ser ellas mismas las que guíen sus pasos, a leer los caminos en las estrellas.

Un libro álbum difícil de describir porque, sin grandes aspavientos, y sólo en blanco y negro, desmonta el mito de la mujer que espera y teje y teje y espera, para empezar a caminar. Una historia sencilla, para hombres y mujeres, mayores y pequeños, que enseña entre líneas a escuchar lo que cada uno llevamos dentro.

Un texto que cambia con cada nueva lectura, que es sencillamente feminista sin grandes palabras, sin discursos grandilocuentes. Un texto que, como yo hoy, aboga por el cambio de las pequeñas cosas, el cambio de las percepciones, por el feminismo del día a día.

Hoy, un hombre sabio y gruñón me decía que enseñar en igualdad no es reducir derechos a los niños en favor de las niñas, que eso sólo nos llevará a dar pasos atrás y añadía que hay que visibilizar a todas las mujeres que consiguieron avanzar en favor de otras mujeres, al margen de su adscripción política, que el feminismo debe ser plural.
Un hombre sabio educado a la antigua al que le va a dar un patatús cuando se entere de que, a los ojos de su hija la mayor, él también es un poco feminista.

Título – Penélope en el mar
Autor – Gema Sirvent y Raúl Guridi
Editorial – Avenauta
Año – 2018