Predicar con el ejemplo.

Algo tan sencillo de decir y tan complicado de hacer.

Nos auto convencemos, como adultos, de que lo más importante es la salud, una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, no abusar de azucares y ultra procesados, perpetuar hábitos saludables en nuestros niños y…

Y después repetimos comportamientos aprehendidos a lo largo de los años.

Nos quejamos de nuestro peso delante de ellos, criticamos los cuerpos de los que nos rodean sin importarnos quién estará escuchando,  rechazamos comida perfectamente saludable porque “engorda”, vamos a todas partes en coche cuando sabemos fehacientemente que ese sitio está lo suficientemente cerca como para hacernos un favor a nosotros mismos, y de paso al planeta, e ir andando, y un sinfín de contradicciones que dan vida al dicho “haz lo que digo, no lo que hago”.

Se nos llena el discurso de conceptos como tolerancia, ecología, respeto, diversidad, reciclaje y educación emocional mientras se nos olvida el clásico refranero español, y si bien a veces más vale fijarse en las palabras que en los gestos, son estos últimos los que nos delatan.

Y tiran por la borda nuestros esfuerzos educacionales.

Y es que educar ciudadanos del próximo siglo se convierte en una ardua tarea cuando empezamos a ser conscientes del bagaje conceptual que arrastramos, tan del siglo pasado, centrado en el culto al cuerpo, a la delgadez, a la belleza canonizada de revista de kiosko y que contradice la celebración de la diversidad y de todo aquello que nos hace únicos y diferentes como bandera de nuestra nueva y moderna existencia.

Les pedimos a los niños que abracen sus características únicas mientras los forzamos a uniformarse para encajar en la sociedad, en lugar de decirle a la sociedad que ha de adaptarse a los dones individuales de cada ser pequeñito que educamos porque eso nos ayuda a aprender de los demás, que nuestras diferencias nos enriquecen.

Todos somos diferentes y ya lo éramos antes de nacer, como Monstruo Rosa.
Un personaje único en su especie, protagonista de un álbum que explica la diversidad sin necesidad de explicarla y que, con palabras sencillas y colores vistosos, pone por escrito algo que los niños ya saben y los adultos tenemos que volver a aprender:

Es maravilloso ser diferente.

Es maravilloso ser grande, rosa, con pelo, un solo ojo, y reír y soñar.

Y de paso nos enseña que el mundo en el que vivimos ha de ser diferente también, parecerse menos a su primer hogar, un lugar gris y uniforme y parecerse muchísimo más a ese segundo hogar que encuentra cuando emprende un viaje, uno lleno de colores vibrantes y amigos con características únicas, un lugar donde ser feliz.

Hemos empezado a dejar de lado modas y dictámenes, elegimos qué escuchar, seleccionamos nuestro entretenimiento televisivo al margen de la parrilla establecida, buscamos alimentos orgánicos, cocinamos más y mejor, rechazamos el exceso de envases plásticos, reciclamos por conciencia y no por costumbre, hablamos diferentes idiomas, viajamos por placer, reconocemos el derecho libre a amar, migrar, ser iguales…

Quizá nuestro viaje por encontrar un lugar donde celebrar la diversidad y ser únicos no pasa tanto por un viaje físico sino un viaje emocional, uno que, seguro, haremos de la mano de un ser pequeño y sabio que aprenderá mientras nosotros desaprendemos y llevará de copiloto un monstruo rosa.

Título – Monstruo Rosa
Autor – Olga de Dios
Editorial – Apila Ediciones
Año – 2013

Ganador del Premio Apila Primera Impresión 2013

Ganador del  Premio Aurelio Blanco 2013, al mejor proyecto en la Familia de Artes Aplicadas al libro de la Comunidad de Madrid

Ganador del Golden Pinwheel Award 2013, en la categoría de mejor álbum para niños internacional en la Shanghái Children´s Book Fair 2013.