¡Qué buen tiempo hace!

Hemos entrado en invierno oficialmente y la semana pasada disfrutamos de un domingo maravilloso a 23 grados.

Un día estupendo de circo con el pequeño de la casa y de comida de navidad con amigos, los de siempre, los de todos los días.
Un día primaveral, con sol y calor, un día en que nos sobraban las chaquetas y la camiseta interior.
Un día con temperaturas que deberían preocuparnos enormemente, sobre todo porque no ha sido el día más caluroso de diciembre en nuestra ciudad.
Un día que, probablemente, se repita más a menudo de lo que nos gustaría y que debemos entender como una llamada de atención de la naturaleza.

Estamos destruyendo el planeta y es nuestra responsabilidad explicar a las generaciones que vienen qué consecuencias puede acarrear nuestra irresponsabilidad ecológica.

Pertenezco a una asociación cultural y este año hemos decidido que uno de nuestros objetivos ha de ser el reciclaje del 90% de nuestro residuo sólido, así que dicho y hecho, nos hemos puesto manos a la obra y hemos preparado 4 contenedores para empezar con la selección de basuras, hemos repetido hasta la saciedad nuestra intención de dejar de consumir fungibles plásticos y hemos asumido que la parte del aprendizaje ya estaba impartida.

¡Menudo error!

Recoger las mesas de la comida nos demostró que todavía nos queda demasiado camino por recorrer, no sólo por aquellos que no separan, sino por los que se ríen abiertamente de los que si que lo hacemos. Y, sobre todo, por la falta de conciencia general.

Mientras tanto seguimos comentando la temperatura que hace en la calle…

¡Cualquiera diría que estamos en diciembre!

En casa enseñamos al pequeño vástago la importancia del reciclaje y de la reutilización.

Al empezar el curso nos regalaron en el cole un envoltorio de bocadillos reutilizable y lavable, de esos de tela, muy útil y recomendable y que, además, le ha enseñado, desde su primer curso de infantil, que existe una alternativa al papel “de plata” para envolver su almuerzo, una alternativa que cuida el medio ambiente.
Para él ya no existe otra manera de llevar el almuerzo al cole, o su envoltorio reutilizable o una fiambrera de plástico para la fruta.

Yo he dado un nuevo paso en pro de la eliminación de residuos y he cambiado mis discos desmaquillantes de un solo uso por unos nuevos, de algodón ecológico, lavables y reutilizables que van de maravilla y me ha tejido una amiga.

Cada pequeño grano de arena cuenta, cada paso individual, en pro de preservar la naturaleza de cada uno de los 7.500 millones de habitantes del planeta tierra puede suponer un cambio real, tangible e inmediato.

Porque eso es lo que hay que hacer entender a las nuevas generaciones que son las que heredarán este mundo recalentado, con magníficas temperaturas de ventitantos grados en diciembre en el hemisferio que se supone que debería estar pasando el invierno: que todos podemos cambiar las cosas haciendo un poco cada uno.

Reducir la producción de residuos, sean discos desmaquillantes de algodón o botellas reutilizables, llevar una bolsa de tela en el bolso o mochila y rechazar las de plástico de los comercios, cambiar nuestros productos de higiene por otros que contengan menos químicos ya que al final sus residuos terminan vertidos en la tierra y en el mar, rechazar fruta y verdura que venga sobre envasada, reciclar adecuadamente aquellos residuos de los que no hayamos podrido prescindir totalmente, etc…
Pasos insignificantes si solo uno de nosotros los da, son cambios en masa cuando individuos de todo el planeta deciden incorporarlos a su vida diaria.

Y concienciar, y educar.

Concienciarnos de que Rana de tres ojos, protagonista del cuento homónimo, un día de estos dejará de ser una excepción y en nuestras manos está elegir por cuál de las dos razones que más la caracterizan:

Por ser una rana de tres ojos, que necesita bañarse en su charca con camiseta ya que la polución apenas le deja respirar y le daña la piel, (sin obviar el hecho de que tiene 3 ojos) y que salta muy alto para entender qué le pasa al lugar donde vive pero el humo no le deja ver el cielo.

O por ser una activista en pro del medio ambiente, que decide gritar “Basta” y enfrentarse a la fabrica de cosas nuevas que no necesitamos porque temenos otras exactamente iguales que funcionan y hemos decidido continuar utilizando.
Por decidir, junto a sus amigos, amontonar todas las cosas nuevas que se han tirado a la basura y limpiar su habitat, y frenar la cadena de polución y esceso de fabricación.

Está en nuestras manos mutar, adaptándonos a la contaminación, o evolucionar y frenar la degradación de nuestro planeta.

Está en nuestras manos educar pequeñas ranas de tres ojos.

Y darles la opción de bañarse sin camiseta y que el agua no les dañe la piel.

Título – Rana de tres ojos
Autor – Olga de Dios
Editorial – Apila Ediciones
Año – 2017