Hoy hace exactamente 24 días que el pequeño de la casa y yo quedamos confinados por el estado de alarma.
Él, por el cierre de colegios, y yo enviada al teletrabajo. Solamente padre continúa acudiendo a trabajar algunos días.

En estos 24 días yo he salido un par de días a comprar, mientras que él ha visto la vida pasar desde nuestro mini balcón y ha salido a aplaudir, con entusiasmo los primeros días, más por inercia últimamente.

Hemos pasado por todas las fases anímicas posibles en este hogar, hemos pasado días tristes y alegres, días en los que no nos podíamos aguantar las ganas de salir, días en los que no tenemos ganas de hacer nada, días de limpieza de casa a fondo, días de inventar mil y una actividades, días de sólo ver la televisión…

Pero no hemos pasado ni un solo día sin leer.

En esta casa se lee todos los días un poco. En familia y de manera individual.


El mundo de la cultura se ha volcado de lleno en ofrecer a la gente libros, discos, películas y series. Todo tipo de entretenimiento gratuito y para todos los gustos, con la intención de que este tiempo encerrados estemos, además, entretenidos.

Que sea más llevadero, que se haga más corto.

Para fomentar que nos quedemos en casa, para descubrir autores nuevos, para leer a aquellos que ya conocíamos, y ¿por qué no darle una oportunidad a esa serie o película que no hemos podido ver antes?, sin olvidarnos de mencionar los conciertos online, gratuitos, solidarios, para recaudar fondos…

En medio de esta vorágine de contenidos yo, algunas veces, me he sentido perdida.

La primera semana descargué algunos libros, terminé 3 que estaba leyendo antes de que se declarara el estado de alarma, asistí virtualmente a un par de conciertos y terminé una serie.
Y me desesperé un poco porque se me solapaban las citas que me interesaban, me enteraba de algunas cosas cuando ya habían pasado y no todo el contenido era compatible con mi encierro que combina teletrabajo y un niño.
¡Qué se le va a hacer!

Sin embargo ha habido una constante en esta casa en los últimos 24 días.

El pijama.

Una de las primeras imágenes que pasaron por mi cabeza, cuando mi empresa anunció que nos trasladábamos a trabajar desde casa, fue una viñeta de Paco Roca, una de las primeras que componen el libro Memorias de un hombre en pijama.
Una viñeta en la que Paco dice que su sueño infantil era pasar el día en casa en pijama.

A mí también me gusta estar en pijama, mucho. Me gustan los domingos perezosos de no salir de casa, me gusta estar en pijama y, sobre todo, me gustan las historias de Paco Roca.

Memorias de un hombre en pijama es mucho más que unas memorias, y mucho más que una oda al pijama, es una obra, que inicialmente se publicó semanalmente en prensa y que Astiberri recopila en un tomo.
Una obra que habla de la amistad, el amor, las relaciones sociales, el trabajo, la familia, la infinita sabiduría de las madres para las cuestiones domésticas, los tuppers y, por encima de todo, de la vida en pijama.

Una obra que, seguro, os arrancará más de una carcajada y que, espero, os de tantas ganas como a mí de, un día de estos, practicar eso de trabajar en pijama.

Astiberri, su editorial, ha puesto la obra para libre descarga en su web, solamente tenéis que registraros, descargarla y disfrutar.

Desde aquí sí que nos gustaría animaros, si las memorias os gustan tanto como a nosotros, a comprar, una vez termine el estado de alarma, alguna otra obra de Paco Roca.

O de Astiberri,

O algún libro.

Pero sobre todo os pedimos que esperéis a que pasen estos días de encierro, que esperéis a vuestra librería de barrio, a vuestra librería habitual, porque ahora más que nunca os van a necesitar para continuar.

Quedaos en casa y no dejéis de leer.

Título – Memorias de un hombre en pijama

Autor – Paco Roca

Editorial – Astiberri

Año – 2011