Hoy hace exactamente 9 semanas que estamos en casa.

Las primeras fueron las más complicadas, claro, sobre todo en las casas con niños, que se convirtieron, cada uno de ellos, en pequeñas hordas de gatos enjaulados.

Hace ya algunas semanas que pueden salir a pasear una hora al día, algo que en muchos casos ha supuesto un gran beneficio. Los niños necesitan aire libre, deporte y actividad física.

Algunos niños necesitan cansarse para poder descansar bien, tienen demasiada energía que quemar. Algo que también les pasa a algunos adultos.

Sin embargo he observado que, al margen de estar en casa y salir o entrar, hay gente a la que, simplemente, le cuesta ser feliz.

Está claro que una pandemia mundial no es plato de buen gusto para nadie.

Hemos vivido una crisis sanitaria sin precedentes, una situación que, en los primeros días y por mi bagaje lector, me recordaba a algunas novelas de ciencia ficción, un paisaje distópico, algo que no podía ser real.

Algo que estaba diseñado para cambiar el humor, incluso, del ser más optimista del planeta, por supuesto.

Los primeros días, incluso, nos invadió una parálisis momentánea, no sabíamos muy bien a qué atenernos, qué esperar, cómo iban a desarrollarse los acontecimientos y seguíamos, incrédulos, las noticias del mundo exterior. Con el paso de las semanas superamos lo peor y empezamos a ver, ligeramente, la luz al final de un largo túnel.

Y, aún así, hay gente que ha elegido ser infeliz.

Amargarse el confinamiento vigilando, por la ventana de su casa y asomado a redes sociales, el comportamiento, opiniones, cumplimiento de las normas, medidas gubernamentales, aciertos y errores de gestión e incluso malinterpretando comentarios, situaciones y actitudes.

Gente que ha decidido ser infeliz simplemente por el hecho de serlo.

Gente que ha destilado amargura a su paso, físico y virtual. Gente que ha vertido opiniones desinformadas en redes sociales, opiniones envenenadas, gente que no ha intentado ver ningún lado positivo a la situación, gente que no ha aprovechado para retomar lecturas atrasadas, terminar esa serie que tenían a mitad, pasar tiempo de calidad con sus familias… Gente que ha dejado que su miedo hablase por ellos, sin control. Gente que se ha centrado solamente en los aspectos mas negativos del encierro, esa gente a la que la pandemia ni tan siquiera ha rozado, gente que, cuando haga balance de lo perdido se dará cuenta de lo afortunada que ha sido en realidad.

Nosotros hemos seguido con algunas de nuestras rutinas pre confinamiento, por ejemplo, seguimos leyendo un cuento antes de dormir, pero hemos hecho mucho ejercicio de Volver a leer las historias que ya conocemos en lugar de comprar libros nuevos, y hemos descubierto nuevos títulos, que estaban en la estantería pero no nos habían llamado la atención todavía.

Así fue como 7 hombres con bombín salió de su letargo y se convirtió en la analogía perfecta de nuestra situación actual. Esos señores tan serios, estirados, siempre vestidos de negro, que no se fían de nada, que parece que siempre tengan un nubarrón sobre sus cabezas.

Esos señores que nunca ríen.

Esos señores que siempre llevan bombín.

Por suerte hay esperanza todavía, y cuando a uno de ellos se le vuela el bombín, todos se ponen a seguirlo más allá de la ciudad, de su ruido, de su polución y llegan a un lugar desconocido.
Y uno de ellos, por fín, mira a su alrededor, sin sombrero.

Yo tengo algunos conocidos a los que les deseo un viento fuerte que sople y les arranque el bombín de la cabeza, que se lo lleve bien lejos. Ojalá puedan llegar a un lugar desconocido para ellos y miren alrededor y empiecen a apreciar las cosas buenas, por insignificantes que parezcan.

Les deseo que encuentren un lugar, un momento o una persona con la capacidad de enseñarles a ser constructivos, a buscar el lado positivo, a dejar de verter tanta amargura y miseria a su alrededor.

A encontrar la paz de espíritu.

Yo la he encontrado en la lectura del cuento de antes de dormir, en los abrazos de brazos pequeños, en mi onza de chocolate después de cenar, en las lecturas que tenía pendientes, en dormir un poco más y, sobre todo, en dar el paso de silenciar a aquellos que amenazan con alterar, aunque sea momentáneamente, mi felicidad.

Titulo – 7 hombres con bombín

Autor – Alex Nogués

Editorial – Libros del imaginario

Año – 2016