Todos los años espero, impaciente, el resumen que mi amiga Helena hace de su año cada 31 de diciembre. No os dejo enlace a sus redes sociales porque es personal, intransferible y, además, yo no salgo, pero me gusta especialmente su manera de relatar detalles mínimos como si fuesen grandes hazañas, y el modo que tiene de hacerte sentir parte de ello, aunque no hayas vivido cada episodio.
No voy a culpar al 2020 de nuestra distancia, somos unas desapegadas de serie, y vivir en ciudades diferentes no ayuda, pero nos echamos un ojo la una a la otra, nos lanzamos mensajitos clave (cumpleaños, navidades, etc…) y estamos pendientes cuando algún mensaje en el mundo digital nos dice que la otra puede necesitar hablar.

Su resumen de todos los años inspiró mi entrada del blog del año pasado, y este año, de nuevo he estado esperando su foto acompañada de texto.

Resumir 2020, por mi parte, sería caer en el tópico mas manoseado de esta semana. Hay listas interminables de libros más leídos, de lo mejor del año, de lo mejor de la literatura patria… y yo sólo he escrito 5 artículos, porque no he tenido demasiadas ganas de sentarme delante de esta página en blanco.

Sin embargo, emulando a Helena y a mi propia entrada del año pasado puedo deciros que Goodreads hoy me dice que he leído 59 libros, me fijé un objetivo de 65, así que he alcanzado el 90% de mi propio reto, creo que no está nada mal. 16.081 páginas, 3000 más que el año pasado, ¡bendito confinamiento!
Este año he descubierto autores nuevos gracias a un bibliotecario especial que se ha ganado un hueco, por derecho propio, en mi vida y en mi literatura, he vuelto a mis tiendas de comic de siempre y compartido conversaciones muy interesantes y he encontrado una nueva librería de cabecera en el barrio.
He escrito mil y un artículos nuevos en mi cabeza, para el próximo año prometo llegar a plasmarlos aquí antes de que desaparezcan.

He hecho regalos con mis propias manos, he llorado, he reído y he amado mucho y muy fuerte. He perdido a mi abu, la única que me quedaba, y ese agujero costará llenarlo de cosas buenas. He tenido varios sobrinos postizos nuevos y a algunos todavía no los conozco.

He hecho un par de amagos de sentarme a escribir ficción de nuevo, quien sabe si 2021 será mi año. He cambiado de color de pelo dos veces en esta vuelta al sol y, aunque esté prohibido, he seguido abrazando a mis amigas y las tengo asustadas de lo mucho que las quiero. He cumplido 37 en cuarentena y he dejado de pintarme los labios, las mascarillas se quedan hechas un asco.

Además he empezado un proyecto medio nuevo y he abandonado un proyecto personal super antiguo, lo primero lo hice con mucha ilusión y alegría y lo segundo con mucho dolor de corazón, pero creo que hay que seguir en movimiento constante y que en la evolución personal se cimentan los cambios del mundo que nos rodea.
Y ha sido en este proyecto medio nuevo donde tropecé con una historia tan antigua como el mundo y que todavía me tiene estupefacta.

Al principio pensaba que veía fantasmas, no era posible, pero yo tengo una imaginación muy desarrollada y tiendo a montarme películas.
Intenté racionalizar la situación, al fin y al cabo soy una mujer adulta, nací en el siglo XX, habito en el siglo XXI, he tenido acceso a la educación, leo, escribo, tengo una carrera profesional, 8 años de experiencia en este proyecto, un hijo…

No es posible que alguien me esté excluyendo, a estas alturas de mi vida y del mundo, por ser mujer.

Pero no me equivocaba.

Como Daniela Pirata he superado, a lo largo de los años, todo tipo de pruebas para demostrar mi valía, se pescar, soy fuerte, soy rápida, soy valiente, soy silenciosa, se cocinar, estudio y sé leer mapas, lo cual, en teoría, me capacita para formar parte de la tripulación pirata, y como a Daniela, se me excluía simplemente por ser chica.

Por suerte, esta es una injusticia que, el resto de mi tripulación, tampoco estuvo dispuesta a dejar pasar, como los piratas de Daniela. Por suerte, el género, es una barrera que no invalida para ser pirata y como Daniela, pude continuar mi proyecto.

Al 2021 le pido que ninguna otra mujer se tenga que sentir como Daniela y como yo, que eduquemos niños que sepan que el género no nos separa, que se conviertan en adultos que, con más cabeza que algunos de mis coetáneos, vean más allá de las barreras físicas y fisiológicas.

Al 2021 le pido, también, que mis artículos no se queden en esbozos en mi cabeza y encuentren su camino hasta estas páginas.

Y salud.

Y como por pedir que no quede, que Helena y yo encontremos el espacio y el tiempo para esos abrazos que hace años que nos estamos debiendo.

Os deseo un 2021 lleno de literatura.

Título – Daniela Pirata

Autor – Susanna Isern

Editorial – NubeOcho

Año – 2017