Sobre literatura infantil y no tan infantil

Categoría: Cuentos infantiles (Página 1 de 4)

Daniela, y yo, piratas

Todos los años espero, impaciente, el resumen que mi amiga Helena hace de su año cada 31 de diciembre. No os dejo enlace a sus redes sociales porque es personal, intransferible y, además, yo no salgo, pero me gusta especialmente su manera de relatar detalles mínimos como si fuesen grandes hazañas, y el modo que tiene de hacerte sentir parte de ello, aunque no hayas vivido cada episodio.
No voy a culpar al 2020 de nuestra distancia, somos unas desapegadas de serie, y vivir en ciudades diferentes no ayuda, pero nos echamos un ojo la una a la otra, nos lanzamos mensajitos clave (cumpleaños, navidades, etc…) y estamos pendientes cuando algún mensaje en el mundo digital nos dice que la otra puede necesitar hablar.

Su resumen de todos los años inspiró mi entrada del blog del año pasado, y este año, de nuevo he estado esperando su foto acompañada de texto.

Resumir 2020, por mi parte, sería caer en el tópico mas manoseado de esta semana. Hay listas interminables de libros más leídos, de lo mejor del año, de lo mejor de la literatura patria… y yo sólo he escrito 5 artículos, porque no he tenido demasiadas ganas de sentarme delante de esta página en blanco.

Sin embargo, emulando a Helena y a mi propia entrada del año pasado puedo deciros que Goodreads hoy me dice que he leído 59 libros, me fijé un objetivo de 65, así que he alcanzado el 90% de mi propio reto, creo que no está nada mal. 16.081 páginas, 3000 más que el año pasado, ¡bendito confinamiento!

Este año he descubierto autores nuevos gracias a un bibliotecario especial que se ha ganado un hueco, por derecho propio, en mi vida y en mi literatura, he vuelto a mis tiendas de comic de siempre y compartido conversaciones muy interesantes y he encontrado una nueva librería de cabecera en el barrio.
He escrito mil y un artículos nuevos en mi cabeza, para el próximo año prometo llegar a plasmarlos aquí antes de que desaparezcan.

He hecho regalos con mis propias manos, he llorado, he reído y he amado mucho y muy fuerte. He perdido a mi abu, la única que me quedaba, y ese agujero costará llenarlo de cosas buenas. He tenido varios sobrinos postizos nuevos y a algunos todavía no los conozco.

He hecho un par de amagos de sentarme a escribir ficción de nuevo, quien sabe si 2021 será mi año. He cambiado de color de pelo dos veces en esta vuelta al sol y, aunque esté prohibido, he seguido abrazando a mis amigas y las tengo asustadas de lo mucho que las quiero. He cumplido 37 en cuarentena y he dejado de pintarme los labios, las mascarillas se quedan hechas un asco.

Además he empezado un proyecto medio nuevo y he abandonado un proyecto personal super antiguo, lo primero lo hice con mucha ilusión y alegría y lo segundo con mucho dolor de corazón, pero creo que hay que seguir en movimiento constante y que en la evolución personal se cimentan los cambios del mundo que nos rodea.
Y ha sido en este proyecto medio nuevo donde tropecé con una historia tan antigua como el mundo y que todavía me tiene estupefacta.

Al principio pensaba que veía fantasmas, no era posible, pero yo tengo una imaginación muy desarrollada y tiendo a montarme películas.
Intenté racionalizar la situación, al fin y al cabo soy una mujer adulta, nací en el siglo XX, habito en el siglo XXI, he tenido acceso a la educación, leo, escribo, tengo una carrera profesional, 8 años de experiencia en este proyecto, un hijo…

No es posible que alguien me esté excluyendo, a estas alturas de mi vida y del mundo, por ser mujer.

Pero no me equivocaba.

Como Daniela Pirata he superado, a lo largo de los años, todo tipo de pruebas para demostrar mi valía, se pescar, soy fuerte, soy rápida, soy valiente, soy silenciosa, se cocinar, estudio y sé leer mapas, lo cual, en teoría, me capacita para formar parte de la tripulación pirata, y como a Daniela, se me excluía simplemente por ser chica.

Por suerte, esta es una injusticia que, el resto de mi tripulación, tampoco estuvo dispuesta a dejar pasar, como los piratas de Daniela. Por suerte, el género, es una barrera que no invalida para ser pirata y como Daniela, pude continuar mi proyecto.

Al 2021 le pido que ninguna otra mujer se tenga que sentir como Daniela y como yo, que eduquemos niños que sepan que el género no nos separa, que se conviertan en adultos que, con más cabeza que algunos de mis coetáneos, vean más allá de las barreras físicas y fisiológicas.

Al 2021 le pido, también, que mis artículos no se queden en esbozos en mi cabeza y encuentren su camino hasta estas páginas.

Y salud.

Y como por pedir que no quede, que Helena y yo encontremos el espacio y el tiempo para esos abrazos que hace años que nos estamos debiendo.

Os deseo un 2021 lleno de literatura.

Título – Daniela Pirata

Autor – Susanna Isern

Editorial – NubeOcho

Año – 2017

El muro en mitad de la vida

Para mí ya no existen las rutinas pre-pandemia.

A mediados de marzo tenía una planificación semanal perfectamente estructurada, cada pieza del puzzle encajaba en su sitio, cuadraban los horarios y tenia, incluso, tiempo para sentarme delante de esta hoja en blanco y desahogar mis inquietudes.

Todo eso se paralizó de golpe y la vuelta al cole no ha supuesto, exactamente, retomarlo todo donde lo dejamos.

Estamos construyendo nuevos horarios adaptados a la nueva realidad que vivimos, y yo me pregunto, todas las mañanas, qué día es para saber si hoy he de ir a trabajar a la oficina o si me quedo en casa y, a partir de ahí, resolver un número infinito de incógnitas: ¿tengo reuniones hoy? De ello dependerá si llevarme el portátil, ¿recojo al pequeño yo? Bici con o sin silla de niño, ¿fiambrera con comida?, ¿equipamiento de fútbol?, ¿mochila con las cosas de inglés? Etc…

Y a veces, de pronto, surgen cambios, novedades, que me dejan sin aliento, paralizada.
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Mucha gente con bombín

Hoy hace exactamente 9 semanas que estamos en casa.

Las primeras fueron las más complicadas, claro, sobre todo en las casas con niños, que se convirtieron, cada uno de ellos, en pequeñas hordas de gatos enjaulados.

Hace ya algunas semanas que pueden salir a pasear una hora al día, algo que en muchos casos ha supuesto un gran beneficio. Los niños necesitan aire libre, deporte y actividad física.

Algunos niños necesitan cansarse para poder descansar bien, tienen demasiada energía que quemar. Algo que también les pasa a algunos adultos.

Sin embargo he observado que, al margen de estar en casa y salir o entrar, hay gente a la que, simplemente, le cuesta ser feliz.

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Es un libro – It’s a book

En los últimos diez días ha habido tres eventos relacionados con libros que me gustaría destacar:

La semana pasada tuve un desastre tecnológico.

Mi querido y adorado libro electrónico, que me ha acompañado a lo largo de más de 10 años, pasó a mejor vida.

Se rompió la pantalla, probablemente porque lo llevaba en el bolso sin funda, pero no es hora de buscar culpables, sólo de lamentar.

Si soy objetiva, me ha dado un servicio excelente.

He leído, releído y viajado con él. Hasta la saciedad.

Como cliente satisfecho he recomendado, a todo el que ha querido escucharme, que comprase esa misma marca, que se dejase de retroiluminaciones, de pantallas táctiles, de versiones tablet y otras novedades tecnológicas y que se decantasen por la sencillez.

Un libro electrónico.

Tinta electrónica.

Un libro.

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¡Shhh! para el 2020 tenemos un plan

Llevo todo el día haciendo balance mental de lo que ha sido el 2019.

En enero escribí “Buenos propósitos de año nuevo” una especie de propósito general para el año a modo de declaración de intenciones y hoy lo he releído con la esperanza de haber cumplido algo de lo establecido. Estoy satisfecha.
Puedo decir, con orgullo, que he rozado el notable.

Cierro el año con la certeza de que he intentado ser fiel a mis ideales y al menos algo de lo propuesto se ha cumplido.
Y al repasar este año puedo hacer un pequeño resumen:

He leído 54 libros según Goodreads, 11 menos de los que me había propuesto y que conforman un total de 12.297 páginas.

No está mal.

Aunque siendo sincera he leído menos de lo que me habría gustado, arrastrada por la vorágine del cansancio diario y la oferta de series de los canales de pago a los que estoy suscrita. Si bien al menos una de esas series me ha llevado a empezar una nueva saga de libros.
Voy a ir estableciendo, como mínimo, el mismo objetivo de lectura que no he podido cumplir, con el firme propósito de cumplirlo esta vez.

Me he apuntado al gimnasio, tarde, ya era octubre, pero he ido y sigo yendo.

He empezado a ir en bici a diario. He reducido mi consumo de deshechos. He comido más sano, he cocinado más y he comprado menos cosas que no necesito.

He escrito, con esta, 21 entradas en el blog.

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Rana de tres ojos – reciclar y reutilizar

¡Qué buen tiempo hace!

Hemos entrado en invierno oficialmente y la semana pasada disfrutamos de un domingo maravilloso a 23 grados.

Un día estupendo de circo con el pequeño de la casa y de comida de navidad con amigos, los de siempre, los de todos los días.
Un día primaveral, con sol y calor, un día en que nos sobraban las chaquetas y la camiseta interior.
Un día con temperaturas que deberían preocuparnos enormemente, sobre todo porque no ha sido el día más caluroso de diciembre en nuestra ciudad.
Un día que, probablemente, se repita más a menudo de lo que nos gustaría y que debemos entender como una llamada de atención de la naturaleza.

Estamos destruyendo el planeta y es nuestra responsabilidad explicar a las generaciones que vienen qué consecuencias puede acarrear nuestra irresponsabilidad ecológica.

Pertenezco a una asociación cultural y este año hemos decidido que uno de nuestros objetivos ha de ser el reciclaje del 90% de nuestro residuo sólido, así que dicho y hecho, nos hemos puesto manos a la obra y hemos preparado 4 contenedores para empezar con la selección de basuras, hemos repetido hasta la saciedad nuestra intención de dejar de consumir fungibles plásticos y hemos asumido que la parte del aprendizaje ya estaba impartida.

¡Menudo error!

Recoger las mesas de la comida nos demostró que todavía nos queda demasiado camino por recorrer, no sólo por aquellos que no separan, sino por los que se ríen abiertamente de los que si que lo hacemos. Y, sobre todo, por la falta de conciencia general.

Mientras tanto seguimos comentando la temperatura que hace en la calle…

¡Cualquiera diría que estamos en diciembre!

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Los cuentos que nunca nos contaron

Desde hace un par de semanas me apetece mucho sentarme delante de una chimenea a contemplar el fuego y leer.

Se lo he dicho a mis amigas varias veces y ellas se sonríen y me miran como si estuviese un poco loca, y probablemente sea ese el caso, pero hemos tenido un par de días de frío intenso en noviembre, algo de lluvia y a mí me nace ese anhelo por dedicarme a la vida contemplativa y lectora frente al fuego.

No tenemos chimenea, pero puedes ponerte la de netflix me sugirió una de ellas.

Efectivamente.

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La vocecita de la conciencia

El otro día fui desagradable con una persona.

De manera gratuita.

Era temprano, estaba esperando un taxi y se colocó delante de mí, con el mismo propósito y a la vista de la luz verde de un vehículo que se aproximaba, salté como si me hubieran presionado un resorte y reclamé la prioridad de posesión de un modo excesivamente agresivo.

En mi defensa podría argumentar que había dormido poco, que era demasiado pronto y que llegaba tarde a coger un tren, pero, en el instante en que vi la cara de estupor de la otra persona, fui consciente de que me había pasado.

Fui demasiado agresiva anticipándome a que la otra persona iba a serlo también, probablemente debido al estilo de la sociedad en que vivimos, sin delicadeza, avasallando antes de que nos pasen por encima, golpeando por miedo a recibir.

Y llevo sintiéndome mal desde entonces, cada vez que me acuerdo.

Es algo que suele pasarme.

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Ser diferentes, ser monstruo rosa

Predicar con el ejemplo.

Algo tan sencillo de decir y tan complicado de hacer.

Nos auto convencemos, como adultos, de que lo más importante es la salud, una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, no abusar de azucares y ultra procesados, perpetuar hábitos saludables en nuestros niños y…

Y después repetimos comportamientos aprehendidos a lo largo de los años.

Nos quejamos de nuestro peso delante de ellos, criticamos los cuerpos de los que nos rodean sin importarnos quién estará escuchando,  rechazamos comida perfectamente saludable porque “engorda”, vamos a todas partes en coche cuando sabemos fehacientemente que ese sitio está lo suficientemente cerca como para hacernos un favor a nosotros mismos, y de paso al planeta, e ir andando, y un sinfín de contradicciones que dan vida al dicho “haz lo que digo, no lo que hago”.

Se nos llena el discurso de conceptos como tolerancia, ecología, respeto, diversidad, reciclaje y educación emocional mientras se nos olvida el clásico refranero español, y si bien a veces más vale fijarse en las palabras que en los gestos, son estos últimos los que nos delatan.

Y tiran por la borda nuestros esfuerzos educacionales. Seguir leyendo

Manías… y el dedo en la nariz

Manías, manías manías…

Tan diversas y curiosas como diferentes somos unos humanos de otros.

A menudo decimos que es nuestra “manera de hacer las cosas” y así excusamos nuestras rarezas y yo me pregunto ¿cuál es la diferencia entre una costumbre y una manía?

Mi madre dobla las sábanas y toallas de una manera determinada, el otro día se quejaba en voz alta de que mi padre, que la miraba entre divertido y resignado, siempre conseguía hacerlo al contrario de como se debe y mi duda era ¿hay una manera determinada realmente? ¿Están diseñadas con esa intención?.

¿Y a la hora de hacer la cama? ¿Hay un derecho y un revés en la ropa de cama? ¿El dibujo dentro para que al girar el embozo se vea? ¿Es esto algo del pasado y a la mayoría de los millenials nos suena a cuento chino?

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