Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Categoría: Libros para adultos

Confesiones sobre el cerebro

Hoy he venido a confesar.

Hace algunas semanas que no leo.

Para mí esto significa que leo poco, a destiempo, de manera inconexa y he empezado 4 libros, al menos, que tengo a medio leer en la mesita de noche.

Desde que volví de vacaciones no he leído ningún libro infantil nuevo, nada que no haya reseñado en esta página antes y no he visitado una biblioteca desde hace más de 8 semanas.

Yo confieso.

Seguir leyendo

Buenos presagios de primer aniversario

Mayo se ha convertido en un mes difícil en mi vida.

Es un mes en el que tengo muchísimo trabajo, en el que, independientemente de cómo me organice, el leitmotiv acaba siendo “no me da la vida”.
La cocina y la compra del hogar se vuelven un caos y vivo el día a día consultando el calendario familiar con pánico a haberme olvidado de algo sumamente importante.
Echo la vista atrás y me doy cuenta de que hace un año me sentía exactamente igual que me siento hoy y de pronto todo paró.

Me rompí.

Seguir leyendo

El viento me lleva de vuelta a Madrid

Si hay una ciudad a la que siempre vuelvo es Madrid.

He vivido en ella, la he visitado sola y acompañada, voy regularmente por trabajo y siempre encuentro razones o excusas para querer ir.

Si hay una ciudad que tiene banda sonora propia, para mí, es Madrid.

A menudo escucho canciones sobre ella, escritas en ella o que me recuerdan a ella.
Y por supuesto hay cantantes que, pese a no haber nacido allí, su nombre y sus discos siempre estarán ligados a esta ciudad en mi imaginario personal. Incluso cuando asisto a sus conciertos en otras ciudades, siempre de fondo visualizo Madrid.

Madrid tiene música, Madrid tiene voz propia y Madrid me sorprende cada vez que vuelvo a ella.

El día de la poesía salí de una librería pertrechada con un libro de relatos. No era mi intención, en realidad buscaba algo de poesía por hacer los honores al día internacional de la misma, pero lo vi y me miró como sólo los libros recién publicados miran.

Y dudé.

Seguir leyendo

Feminismo en pequeños pasos – 8 de marzo #diainternacionaldelamujer

Llevo toda la semana queriendo sentarme a escribir.

Mi idea inicial, cuando me planifiqué la semana del 8 de marzo, fue escribir un artículo al día sobre historias de feminismo pero la conjunción de los astros ha hecho que no sólo no haya escrito ni una sola reseña extra esta semana, sino que me plantee las bases sobre las que escribir hoy.

Pienso en las mujeres que me rodean y a las que llamo amigas sin reservas y las admiro.
A cada una de ellas de manera diferente, con sus virtudes y sus defectos, las quiero, las admiro y las respeto porque toman sus propias decisiones, porque eligen como vivir su vida y eso es de admirar.

Respeto por igual a la madre de familia numerosa y a la que ha decidido no serlo y por supuesto admiro a la que sacó a su hijo adelante, sola, con esfuerzo, sudor, lágrimas y sonrisas, que de esas también ha habido.
Respeto a la que se levanta a prepararle el almuerzo a su marido todas las mañanas porque lo hace porque ella quiere, porque tiene un significado personal y porque es libre de elegir no hacerlo, no es una imposición.
Respeto a las que hoy han hecho huelga y a las que no y han decidido acudir a sus puestos de trabajo, porque como todos bien sabemos la huelga es un derecho y una elección personal.

Y supongo que ahí radica la clave de todo, que hemos podido elegir ser el tipo de mujer que queremos ser.

Tenemos elección.

Seguir leyendo

Yo de mayor quiero ser Reina Roja

Me gusta ir en transporte público.

Los que me conocen pensarán “¡Qué mentirosa! Si se pasa el día despotricando del servicio de transporte público de su ciudad” y tienen razón, porque creo que su gestión es desastrosa, pero cuando tengo la suerte de ir en un autobús, a media mañana, con un sol estilo primaveral como el que hacía esta mañana, y con un buen libro para leer durante el trayecto, se me pasan todos los males.

Me gusta ir en transporte público y leer.

Cuando voy por la calle suelo escuchar música, me da el ritmo que necesito para caminar a buen paso y me aísla de los ruidos que me rodean. Suelo llevar cascos de estilo retro, de diadema con almohadillas esponjosas, que me resulten cómodos. Me gusta mucho la música y la elijo en función de mi estado de ánimo, si bien llevo unas semanas escuchando el mismo disco en bucle, de manera obsesiva, porque sus compases se han grabado en mi cerebro y tarareo las canciones sin darme cuenta, incluso cuando la música no está sonando.

Me gusta ir en transporte público y leer sin música.

El inconveniente de ir en autobús leyendo sin música es que a veces me resulta complicado abstraerme de las conversaciones ajenas. Cuando llevo los cascos puestos imagino vidas y situaciones para los pasajeros que me rodean, pero cuando leo no puedo evitar verme absorbida, a veces, por sus conversaciones, especialmente cuando no moderan el tono de voz.

Y no dejo de maravillarme ante la capacidad infinita del ser humano para decir estupideces, hacer aseveraciones profundas basadas en suposiciones y mezclarlas en la misma frase y para dar consejos absolutamente descabellados. Asisto al gran teatro de la vida con los ojos bien abiertos y con la humildad de saber que, en la mayoría de casos, son otros observadores los que internamente me juzgan a mí. Que siempre se torea de maravilla desde la barrera.

Seguir leyendo

Todo lo peor de nuestra sociedad – Ser gellidista

Hace algún tiempo que dejé de interesarme por las noticias. La prensa, radio y televisión me resultan completamente ajenos a la hora de informarme sobre el estado del mundo.

Me da igual. No me interesa.

Me aburre, deprime, asusta, horroriza y provoca repulsa a partes iguales.

Leo noticias en Twitter pero de pasada, no es la herramienta que utilizo para informarme tampoco. De hecho intento no informarme excepto cuando algún titular capta mi atención y es entonces cuando me lanzo a averiguar qué le está pasando al mundo.

Soy la que pone cara de higo cuando se habla de política, panorama internacional y aún me interesa menos si cabe el fútbol o la prensa del corazón.
Huyo de las noticias compartidas en Facebook y huyo específicamente de todo lo que comparten algunos de mis contactos mientras me pregunto por qué narices aún no los he borrado.

Me mantengo al día de las novedades editoriales, leo artículos científicos y de divulgación sobre literatura y autores, trato de estar al día sobre el panorama cultural en cuanto a estrenos de cine, series, exposiciones y conciertos. Suelo ser la última de mi “timeline” en enterarme cuando hay algún aniversario literario o si, por desgracia, fallece algún autor reconocido en literatura mundial o patria.

He de reconocer que supone un esfuerzo considerable, e incluso sobrehumano a veces, estar enterado de estas noticias mientras esquivo  las otras, las que he mencionado anteriormente, sobre todo el maldito fútbol, que nos lo meten por los ojos y oídos hasta cuando no queremos.

La política me aburre, mismos perros con distintos collares es la expresión que viene a mi mente cuando pienso en el panorama político nacional y el local hace que se me ericen los pelos de la nuca. He de admitir, sin embargo, haberme ilusionado un par de veces en el pasado pensando que el cambio era posible para estrellarme cara a cara con la realidad de este país.

Y huyo, como huyen los gatos del agua, de cualquier noticia que se pueda enmarcar bajo la categoría de suceso. Sobre todo de las que acaparan la atención mediática.
Huyo del morbo y del sensacionalismo, huyo con el estómago encogido y la garganta llena de bilis y me enfado cuando mi círculo cercano se convierte en partícipe del pan y circo que tan a la orden del día están en España.
Me avergüenza pertenecer a un país que hace programas de seguimiento de 24h al día sobre la desgracia ajena simplemente por el placer de aumentar la audiencia, en lugar de respetar el dolor de sus congéneres.

Seguir leyendo

Saga – La familia que se forma

Hoy he pensado en hablar un poco de mí y solamente de mí.

Hoy que mi pequeño cumple 3 años echo la vista atrás para repasar cuánto me ha cambiado la vida en estos 1095 días.

El cambio más grande que he experimentado es que ya no pienso sólo en mí, ahora siempre, absolutamente siempre, evalúo el impacto que cada paso que doy tiene en mi núcleo familiar, porque somos 3.
Encontrar pareja, casarte o no y convivir en realidad no te cambia la vida, sigues siendo un único ser humano que vive en sociedad y pareja pero puedes seguir haciendo planes al margen de esta y el orden mundial no se ve alterado. Lo que verdaderamente cambia la vida de las personas es tener otros seres humanos que dependen de nosotros.

En mi caso particular fue procrear.

Mi cuerpo y mi mente se vieron alterados ya durante el embarazo y, aunque tanto la biología como la neurología tienen estudios que explican el porqué de esos cambios, recuerdo como especialmente traumáticas las pérdidas de memoria y lo mucho que me costaba estudiar y retener información.

Y aun así eso no es nada. A partir de ese momento es cuando verdaderamente pasas a ser una persona distinta.

Eres responsable de una vida nueva, literalmente. Alguien que va a ver el mundo a través de tus ojos, tus manos y tu comprensión de todo lo que te rodea y encima estás perdido, porque ya no eres el mismo.
De pronto hasta las responsabilidades que habías adquirido como piedra angular de tu vida pasan a ser anotaciones en el margen de una hoja que reescribes cada minuto, lo que antes era vital ya no importa tanto o incluso no importa, sin más. Todas tus percepciones se transforman, dejas de ser el centro de tu existencia.

Incluso guardas el bocado más sabroso de cada comida para otro.

Seguir leyendo

Amor en Playback – tradiciones en Play

Sigo en periodo festivo y navideño, algunos días disfrutando, y otros sobreviviendo, según el tipo de compromiso que tenga a la vista. Porque las navidades son fechas de compromisos y tradiciones.

De celebrar a la manera de todos y, a veces, un poco a la manera propia de cada uno.

Conforme nos cambia la edad, cambian también las celebraciones, es ley de vida. Yo echo de menos aquellas copas de después de la cena de nochebuena, con mis primos, esas en las que sabíamos cuando empezábamos, pero nunca dónde ni cuando íbamos a terminar. Ahora hacemos quedadas diurnas y nuestro principal objetivo es encontrar un sitio grande y entretenido para que los primos segundos puedan jugar y, con suerte, alcanzaremos a hablar un poco entre nosotros, pero esto último nunca se puede garantizar.

Comidas y cenas clásicas, familiares, con los amigos del cole, con los de la playa, reunirnos y vernos todos de nuevo aunque hayamos quedado hace menos de un mes. Pero también de ver y abrazar a los que están lejos y han venido de visita o a aquellos que nos encontramos por casualidad.
A veces almuerzos o desayunos, incluso con las amigas de todos los días, las de los buenos días por las mañanas y las de compartir todos los dramas. Las de verdad.

Y yo, tradicionalmente, quedo en navidad a tomar café con mi ex.

Seguir leyendo

Esta no es una reseña navideña ni una reseña infantil.

La navidad me produce ambivalencia afectiva.

Por un lado me encanta y estoy deseando que llegue y me anticipo emocionalmente a todos esos momentos de compartir y ver a la familia y amigos, sobre todo a los que están lejos y vuelven a casa en estas fechas, como el turrón. O en mi caso los polvorones, que es el dulce que verdaderamente me gusta.
Es además una época muy intensa con el pequeño de la casa, que vive maravillado por todo lo que sucede a su alrededor, en un estado de excitación continuo y alerta, creyendo que Papá Noel puede aparecer en cualquier sitio y sin avisar.

Por otra parte me encuentro, más a menudo de lo que me gustaría, deseando que el simulacro de amor y paz se termine para poder volver a mi rutina alimenticia con muchas verduras y a la calma de no intentar que todo el mundo sea feliz.
Me devano los sesos intentando encontrar regalos originales, que hagan felices a los que me rodean, que cumplan con sus expectativas y, si es posible, además echándoles una mano con sus propias compras.

Me vuelvo consumista culpable y sin tiempo, empachada, cansada y malhumorada, gruñona… todo aderezado con villancicos en bucle, que no me puedo quitar de la cabeza. La Navidad saca lo mejor y lo peor de mi, todo a la vez, y me resulta muy confuso.

En resumen, la navidad me estresa.

Seguir leyendo

Eloísa y los bichos ¿raros?

Me gusta James Rhodes.

Últimamente se oye mucho su nombre, se ha puesto de moda a raíz de un par de artículos muy optimistas publicados por El País, tiene varios libros editados en español y se ha mudado a vivir aquí, lo que facilita que se programen muchos más conciertos suyos a pesar de que sea pianista de música clásica.

He de confesar que llegué a él de casualidad, un poco antes de que su primer libro, Instrumental, se hiciese muy famoso aquí, ya que tengo especial debilidad por Blackie Books, su editorial en nuestro país. Editan libros muy bonitos estéticamente y aun siendo cara la “tapa dura” no puedo resistirme nunca. Y tienen libros sobre música, y músicos y sus vidas, de esos que siempre me sirven de comodín para regalarle al santo marido que tanto me aguanta, de esos que al final siempre leo yo antes.

Me gusta como escribe. Me parece fundamental que seamos conscientes de que las cosas que cuenta en sus libros, suceden. Me parece fundamental que determinados temas dejen de ser tabú en nuestra sociedad, creo que debemos mirarlos cara a cara para que nos escuezan y dejen dentro un poso que nos urja a cambiar las cosas, poco a poco, pero cambiarlas.

Seguir leyendo