Sigo en periodo festivo y navideño, algunos días disfrutando, y otros sobreviviendo, según el tipo de compromiso que tenga a la vista. Porque las navidades son fechas de compromisos y tradiciones.

De celebrar a la manera de todos y, a veces, un poco a la manera propia de cada uno.

Conforme nos cambia la edad, cambian también las celebraciones, es ley de vida. Yo echo de menos aquellas copas de después de la cena de nochebuena, con mis primos, esas en las que sabíamos cuando empezábamos, pero nunca dónde ni cuando íbamos a terminar. Ahora hacemos quedadas diurnas y nuestro principal objetivo es encontrar un sitio grande y entretenido para que los primos segundos puedan jugar y, con suerte, alcanzaremos a hablar un poco entre nosotros, pero esto último nunca se puede garantizar.

Comidas y cenas clásicas, familiares, con los amigos del cole, con los de la playa, reunirnos y vernos todos de nuevo aunque hayamos quedado hace menos de un mes. Pero también de ver y abrazar a los que están lejos y han venido de visita o a aquellos que nos encontramos por casualidad.
A veces almuerzos o desayunos, incluso con las amigas de todos los días, las de los buenos días por las mañanas y las de compartir todos los dramas. Las de verdad.

Y yo, tradicionalmente, quedo en navidad a tomar café con mi ex.

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