Sobre literatura infantil y no tan infantil

Categoría: Mi colección de lobos no tan feroces

Feliz Feroz día del libro infantil

Han sucedido muchas cosas en las últimas semanas, algunas importantes y otras típicas de la rutina del día a día pero unas y otras me han mantenido alejada del teclado más de lo que me hubiera gustado. Aunque no de los libros ni la lectura, no os preocupéis, eso nunca.

A veces es complicado escribir, el ánimo o el tiempo disponibles no acompañan y la inspiración no se puede forzar, algo que me sucedió el día de la poesía, cuando entré en una librería con la firme intención de comprar un libro (de poesía) que llevaba tiempo queriendo tener y, sin embargo, salí de allí con un libro de relatos.
Previamente había visitado la biblioteca con la clara intención de coger en préstamo ese famoso libro de poesía y en cambio cargué, con un montón de libros infantiles que, a pesar de mis intenciones, no me han inspirado para escribir tampoco.
Las musas estaban empeñadas en huirme.

Por otro lado ha habido dos eventos que me han marcado significativamente en el último mes y la alegría y la tristeza se entremezclan. Una pareja de amigos ha perdido a una perrita, se escapó y todavía no la han encontrado, de ahí la tristeza.
Tristeza pero también el orgullo de pertenecer a un grupo de amigos que no ha dudado ni por un instante en lanzarse a ayudar a aquellos que nos necesitaban, sin cuestionar lo complicado de la tarea, o el horario intempestivo, poniendo nuestras realidades en pausa para pegar carteles, recorrer zonas por donde ha sido vista, e incluso acudir a una llamada en horario laboral por estar más cerca, porque eso es lo que hace la familia y ellos forman parte de la familia que se elige.

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Buenos propósitos de año nuevo

Llega enero y con él las listas de buenos propósitos surgen como las setas a nuestro alrededor.

Las hay ambiciosas y humildes, realistas e imposibles, súper personales y genéricas y de las que se reciclan de año en año, en estas listas a veces se repiten los mismos propósitos que ya se han intentado al menos una vez.

Una de mis amigas ha decidido hacer una lista de propósitos mensuales, nada excesivamente ambicioso, y va haciendo seguimiento en una libreta nueva con frase motivadora. Y por ahora le pone muchas ganas y yo le deseo mucho éxito.

Yo este año no he hecho ninguna lista, aunque si no quiero faltar a la verdad completamente, he de reconocer que mi número objetivo de libros para leer en 2019 si que está establecido. Es más alto que el del año pasado, siempre aumenta de año en año, pero dentro de lo conseguible.

Para el resto de buenos propósitos he decidido valorar la motivación que siento y empezar a intentarlo o descartarlo directamente, y los voy analizando uno a uno, conforme van surgiendo, sin haberme puesto una fecha límite para empezar o desistir. Pero si que he tomado una muy firme decisión sobre ellos: han de hacerme sentir bien, orgullosa y fuerte.

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Una caperucita roja pero no ingenua

Hay días en que la actualidad me quema la retina y los dedos.

Temas que saltan a la palestra de la información, me dejan el alma un poco mas negra si cabe y se refugian en el cerebro acechando cuando paso los ojos por la estantería de los libros infantiles.

A nadie le es ajeno, en mayor o menor medida, que hay un movimiento generalizado que discute sobre la protección de la mujer,  un tema polémico que se juzga en primeras planas, en la calle, en todas las conversaciones. Todos sabemos de qué estamos hablando cuando escuchamos “no es no” o “me too”.

Es una realidad. Una realidad que duele.

Si quisiésemos podríamos simplificar todas estas noticias acercándolas al imaginario infantil que prácticamente todos compartimos y llamaríamos a sus personajes principales Caperucita y El Lobo. Y de pronto a todos nos suena el cuento.

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Ricitos de Oso o el dilema tu-tú

A veces me vienen a la cabeza cuentos en mitad de conversaciones de lo mas triviales. Dependiendo de quien sea el interlocutor los recomiendo, o no, igual que dependiendo del interlocutor, contesto lo que verdaderamente siento ante afirmaciones que hacen que me hierva la sangre . Otras veces lo dejo pasar.

Y eso está mal, muy mal, y después, en privado me riño por pensar que, ante determinadas personas, no merece la pena afirmar las propias creencias y distanciarse de la multitud.

Hace unos meses la hija de unos amigos pasó por una “fase tu-tú”, o lo que es lo mismo, solo quería llevar un tu-tú rosa,  le daba igual si sólo o encima la ropa, y mi hijo pidió uno también ¿cómo iba a ser él diferente a su amiga del alma?.
Y le pusimos un tu-tú que otra amiga nuestra tenía a mano y que le regaló. Llegados a este punto quiero aclarar que era rojo, pero nos habría dado igual el color a su padre, a mi o incluso a él, que sólo decía “yo como Mía”.

Y ahí estaban nuestros pequeños vástagos, felices, disfrutando de sus etéreas prendas de baile y haciendo lo que todo ser humano debe hacer cuando lleva uno: bailar, saltar, correr y dar vueltas sobre si mismos, cuando un conocido se aproxima y me espeta un: “me lo vas a amariconar”.

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