Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

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Confesiones sobre el cerebro

Hoy he venido a confesar.

Hace algunas semanas que no leo.

Para mí esto significa que leo poco, a destiempo, de manera inconexa y he empezado 4 libros, al menos, que tengo a medio leer en la mesita de noche.

Desde que volví de vacaciones no he leído ningún libro infantil nuevo, nada que no haya reseñado en esta página antes y no he visitado una biblioteca desde hace más de 8 semanas.

Yo confieso.

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Ser diferentes, ser monstruo rosa

Predicar con el ejemplo.

Algo tan sencillo de decir y tan complicado de hacer.

Nos auto convencemos, como adultos, de que lo más importante es la salud, una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, no abusar de azucares y ultra procesados, perpetuar hábitos saludables en nuestros niños y…

Y después repetimos comportamientos aprehendidos a lo largo de los años.

Nos quejamos de nuestro peso delante de ellos, criticamos los cuerpos de los que nos rodean sin importarnos quién estará escuchando,  rechazamos comida perfectamente saludable porque “engorda”, vamos a todas partes en coche cuando sabemos fehacientemente que ese sitio está lo suficientemente cerca como para hacernos un favor a nosotros mismos, y de paso al planeta, e ir andando, y un sinfín de contradicciones que dan vida al dicho “haz lo que digo, no lo que hago”.

Se nos llena el discurso de conceptos como tolerancia, ecología, respeto, diversidad, reciclaje y educación emocional mientras se nos olvida el clásico refranero español, y si bien a veces más vale fijarse en las palabras que en los gestos, son estos últimos los que nos delatan.

Y tiran por la borda nuestros esfuerzos educacionales. Seguir leyendo

Manías… y el dedo en la nariz

Manías, manías manías…

Tan diversas y curiosas como diferentes somos unos humanos de otros.

A menudo decimos que es nuestra “manera de hacer las cosas” y así excusamos nuestras rarezas y yo me pregunto ¿cuál es la diferencia entre una costumbre y una manía?

Mi madre dobla las sábanas y toallas de una manera determinada, el otro día se quejaba en voz alta de que mi padre, que la miraba entre divertido y resignado, siempre conseguía hacerlo al contrario de como se debe y mi duda era ¿hay una manera determinada realmente? ¿Están diseñadas con esa intención?.

¿Y a la hora de hacer la cama? ¿Hay un derecho y un revés en la ropa de cama? ¿El dibujo dentro para que al girar el embozo se vea? ¿Es esto algo del pasado y a la mayoría de los millenials nos suena a cuento chino?

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Buenos presagios de primer aniversario

Mayo se ha convertido en un mes difícil en mi vida.

Es un mes en el que tengo muchísimo trabajo, en el que, independientemente de cómo me organice, el leitmotiv acaba siendo “no me da la vida”.
La cocina y la compra del hogar se vuelven un caos y vivo el día a día consultando el calendario familiar con pánico a haberme olvidado de algo sumamente importante.
Echo la vista atrás y me doy cuenta de que hace un año me sentía exactamente igual que me siento hoy y de pronto todo paró.

Me rompí.

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Madres y ositos terribles

El domingo pasado celebramos en España el día de la madre.

A lo largo de los últimos meses he asistido a varios debates, tanto en foros digitales como físicos, en los que se ha hablado de la vigencia de celebrar este día y el día del padre en las escuelas invirtiendo tiempo en clase para manufacturar regalos, teniendo en cuenta el impacto que estas actividades tienen en algunos niños que pertenecen a nuevos modelos de familia que cada día son más frecuentes y que no se contemplan.

Dicho de otro modo, no todos los niños en edad escolar tienen padre y madre y viven con ellos en felicidad y armonía. Algunos tienen padres separados, les hacen regalos en sus respectivos días, pero hay otros niños que, por la razón que sea ya no tienen padre, o ya no tienen madre, o solo tienen uno de ambos porque esa ha sido su situación familiar desde el principio, o tienen dos madres, o tienen dos padres, o viven en situación de acogida y podría seguir enumerando ejemplos hasta el final de la página.

De todo lo anterior se puede deducir que hacer estas manualidades no es divertido ni placentero para todos los niños, y, a veces, los pone en una situación de estrés o infelicidad temporal que no deberíamos desear para ellos.

Más o menos en las mismas fechas he leído un testimonio de una mujer que, aun deseándolo con todas sus fuerzas e intentándolo por todos los medios disponibles a su alcance, no puede tener hijos.
Y cuenta su proceso de duelo personal que, al mismo tiempo, ha sido un proceso de crecimiento y aceptación de sí misma también.

Y me ha dado qué pensar, claro.

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Algunas niñas siguen queriendo ser princesas – #diadellibro

Llueve en gran parte de España y yo he dormido poco.

Empiezo el día muy temprano entrando a una librería a las 6 y media de la mañana, porque los días como hoy hay que celebrarlos leyendo, visitando librerías y disfrutando de la página escrita en todas sus formas.

Era muy temprano, no había ni amanecido, y yo tenía varios libros entre las manos, intentando decidir a cuál de mis retoños textuales quiero más, cuál representa mejor el día que celebramos, dentro de cuál encontraría la inspiración para hablar desde esta página.

Y mi mente divaga y vuelve una y otra vez a la polémica que vivimos la semana pasada con los libros retirados de una biblioteca , una polémica que se ha alimentado en redes sociales y prensa pero que parte de una base muy sencilla, damos por hecho que los niños no tienen capacidad para la imaginación, que lo que lean ahora les hará perpetuar roles y actitudes hasta la edad adulta. Que no son capaces de salir del texto y escribir su propio futuro, que no aprenden de las moralejas y moralinas, que no ven más allá del espejo que les mostramos.

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El viento me lleva de vuelta a Madrid

Si hay una ciudad a la que siempre vuelvo es Madrid.

He vivido en ella, la he visitado sola y acompañada, voy regularmente por trabajo y siempre encuentro razones o excusas para querer ir.

Si hay una ciudad que tiene banda sonora propia, para mí, es Madrid.

A menudo escucho canciones sobre ella, escritas en ella o que me recuerdan a ella.
Y por supuesto hay cantantes que, pese a no haber nacido allí, su nombre y sus discos siempre estarán ligados a esta ciudad en mi imaginario personal. Incluso cuando asisto a sus conciertos en otras ciudades, siempre de fondo visualizo Madrid.

Madrid tiene música, Madrid tiene voz propia y Madrid me sorprende cada vez que vuelvo a ella.

El día de la poesía salí de una librería pertrechada con un libro de relatos. No era mi intención, en realidad buscaba algo de poesía por hacer los honores al día internacional de la misma, pero lo vi y me miró como sólo los libros recién publicados miran.

Y dudé.

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Feliz Feroz día del libro infantil

Han sucedido muchas cosas en las últimas semanas, algunas importantes y otras típicas de la rutina del día a día pero unas y otras me han mantenido alejada del teclado más de lo que me hubiera gustado. Aunque no de los libros ni la lectura, no os preocupéis, eso nunca.

A veces es complicado escribir, el ánimo o el tiempo disponibles no acompañan y la inspiración no se puede forzar, algo que me sucedió el día de la poesía, cuando entré en una librería con la firme intención de comprar un libro (de poesía) que llevaba tiempo queriendo tener y, sin embargo, salí de allí con un libro de relatos.
Previamente había visitado la biblioteca con la clara intención de coger en préstamo ese famoso libro de poesía y en cambio cargué, con un montón de libros infantiles que, a pesar de mis intenciones, no me han inspirado para escribir tampoco.
Las musas estaban empeñadas en huirme.

Por otro lado ha habido dos eventos que me han marcado significativamente en el último mes y la alegría y la tristeza se entremezclan. Una pareja de amigos ha perdido a una perrita, se escapó y todavía no la han encontrado, de ahí la tristeza.
Tristeza pero también el orgullo de pertenecer a un grupo de amigos que no ha dudado ni por un instante en lanzarse a ayudar a aquellos que nos necesitaban, sin cuestionar lo complicado de la tarea, o el horario intempestivo, poniendo nuestras realidades en pausa para pegar carteles, recorrer zonas por donde ha sido vista, e incluso acudir a una llamada en horario laboral por estar más cerca, porque eso es lo que hace la familia y ellos forman parte de la familia que se elige.

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Feminismo en pequeños pasos – 8 de marzo #diainternacionaldelamujer

Llevo toda la semana queriendo sentarme a escribir.

Mi idea inicial, cuando me planifiqué la semana del 8 de marzo, fue escribir un artículo al día sobre historias de feminismo pero la conjunción de los astros ha hecho que no sólo no haya escrito ni una sola reseña extra esta semana, sino que me plantee las bases sobre las que escribir hoy.

Pienso en las mujeres que me rodean y a las que llamo amigas sin reservas y las admiro.
A cada una de ellas de manera diferente, con sus virtudes y sus defectos, las quiero, las admiro y las respeto porque toman sus propias decisiones, porque eligen como vivir su vida y eso es de admirar.

Respeto por igual a la madre de familia numerosa y a la que ha decidido no serlo y por supuesto admiro a la que sacó a su hijo adelante, sola, con esfuerzo, sudor, lágrimas y sonrisas, que de esas también ha habido.
Respeto a la que se levanta a prepararle el almuerzo a su marido todas las mañanas porque lo hace porque ella quiere, porque tiene un significado personal y porque es libre de elegir no hacerlo, no es una imposición.
Respeto a las que hoy han hecho huelga y a las que no y han decidido acudir a sus puestos de trabajo, porque como todos bien sabemos la huelga es un derecho y una elección personal.

Y supongo que ahí radica la clave de todo, que hemos podido elegir ser el tipo de mujer que queremos ser.

Tenemos elección.

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Aprender a decir ¡No!

No se decir que no.

En general, en mi vida, soy capaz de adquirir los compromisos más peregrinos y de complicarme la vida hasta límites insospechados para llegar a todo, y a todos y echar una mano con aquello que se me pida, en lugar de decir que no.

Ayudar con CVs, búsquedas de trabajo y / o empleados, conectar gente con intereses comunes, hacer recados raros, prestar cosas que en realidad no querría dejarle a nadie, abrir infinidad de veces las cajas de ropa de bebé del pequeño vástago, adelantar dinero para compras de entradas de eventos incluso cuando no me viene bien, hacer disfraces de niños que no son míos, cambiar horarios de trabajo y un largo eccétera de favores, incluso descabellados, por los que, a menudo, no obtengo ni un somero “gracias“.

Ni que decir tiene que, cuando necesito yo un favor, en general no sucede a la inversa, así que la decepción es doble, la de haberme esforzado más de lo que dicta el sentido común y la de no recibir el mismo trato a cambio. 

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