Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

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La abuela durmiente – Abuelos infinitos

Miro a mi alrededor, cuando voy en el autobús o andando por la calle, y veo muchos abuelos llevando y recogiendo nietos del colegio o de las extraescolares, dando meriendas y dando la mano por la calle.

Me hace sonreír y recordar cuando era más joven y mi abuelo me esperaba en la puerta del cole, llevando la merienda y la mochila de música, y me acompañaba al conservatorio, donde esperaba hasta que terminaban mis clases, para, de nuevo, acompañarme a casa.

A menudo escucho a gente hacer comentarios sobre situaciones similares y me sorprende la negatividad con la que se habla sobre el papel de los abuelos ayudando a criar a sus nietos.
Se da por hecho que se les impone estas tareas, que los padres de las criaturas abusan de la predisposición a ayudar, que se les exige la crianza de los nietos o incluso que para tener hijos hoy en día hace falta tener abuelos dispuestos.

Me sorprende, ofende y entristece a partes iguales.

Hay gente que se olvida de que quizá, los abuelos estén encantados de pasar un rato con sus nietos, acompañarlos a casa, darles de merendar y formar parte de esa vida diaria

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Cuestión de perspectiva – yo te quiero más

A menudo nos enfrentamos a tareas pendientes que pueden parecernos un mundo.

Hay cosas que nos da pereza hacer pero en el fondo subyacen otros sentimientos escondidos a los que asignamos esa etiqueta y puede ser que el esfuerzo requerido no vaya a ser compensado con el resultado, que no sepamos por dónde empezar o que haya otros proyectos que nos parezcan más apetecibles o interesantes.

Necesitamos alicientes para enfrentarnos al día a día o a situaciones puntuales, como ese pastel para el que he comprado todos los ingredientes pero su elaboración requiere mucho tiempo o anoche, sin ir más lejos, que la prioridad para el pequeño de la casa no era ducharse.
¿Nos enfadamos? no, fue cuestión de hacerle cambiar la perspectiva y razonar que, con el mínimo esfuerzo de meterse en la ducha iba a estar más fresco, olería mejor y tendría más tiempo para cenar después viendo la tele.

Y es que la perspectiva de los seres pequeños está distorsionada todo el tiempo, principalmente por el factor tamaño: Todo les parece grande, “mi mamá es muy alta” le escucho decir y sonrío, yo, que apenas llego al 1,56 y entonces me acuerdo de la barandilla de la casa del pueblo de mi bisabuela, que en mi memoria está hecha por columnas enormes y blancas sólo comparables en altura a las del Partenón.

La perspectiva lo es todo para los seres pequeños, no es tarde si ellos no están cansados, es hora de comer cuando tienen hambre y absolutamente siempre es hora de jugar. Leer cuentos es una actividad obligatoria antes de dormir, independientemente de la hora de levantarse al día siguiente o de lo tarde que se nos haya hecho hoy.

Y lo mismo sucede con el amor.

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Saga – La familia que se forma

Hoy he pensado en hablar un poco de mí y solamente de mí.

Hoy que mi pequeño cumple 3 años echo la vista atrás para repasar cuánto me ha cambiado la vida en estos 1095 días.

El cambio más grande que he experimentado es que ya no pienso sólo en mí, ahora siempre, absolutamente siempre, evalúo el impacto que cada paso que doy tiene en mi núcleo familiar, porque somos 3.
Encontrar pareja, casarte o no y convivir en realidad no te cambia la vida, sigues siendo un único ser humano que vive en sociedad y pareja pero puedes seguir haciendo planes al margen de esta y el orden mundial no se ve alterado. Lo que verdaderamente cambia la vida de las personas es tener otros seres humanos que dependen de nosotros.

En mi caso particular fue procrear.

Mi cuerpo y mi mente se vieron alterados ya durante el embarazo y, aunque tanto la biología como la neurología tienen estudios que explican el porqué de esos cambios, recuerdo como especialmente traumáticas las pérdidas de memoria y lo mucho que me costaba estudiar y retener información.

Y aun así eso no es nada. A partir de ese momento es cuando verdaderamente pasas a ser una persona distinta.

Eres responsable de una vida nueva, literalmente. Alguien que va a ver el mundo a través de tus ojos, tus manos y tu comprensión de todo lo que te rodea y encima estás perdido, porque ya no eres el mismo.
De pronto hasta las responsabilidades que habías adquirido como piedra angular de tu vida pasan a ser anotaciones en el margen de una hoja que reescribes cada minuto, lo que antes era vital ya no importa tanto o incluso no importa, sin más. Todas tus percepciones se transforman, dejas de ser el centro de tu existencia.

Incluso guardas el bocado más sabroso de cada comida para otro.

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Buenos propósitos de año nuevo

Llega enero y con él las listas de buenos propósitos surgen como las setas a nuestro alrededor.

Las hay ambiciosas y humildes, realistas e imposibles, súper personales y genéricas y de las que se reciclan de año en año, en estas listas a veces se repiten los mismos propósitos que ya se han intentado al menos una vez.

Una de mis amigas ha decidido hacer una lista de propósitos mensuales, nada excesivamente ambicioso, y va haciendo seguimiento en una libreta nueva con frase motivadora. Y por ahora le pone muchas ganas y yo le deseo mucho éxito.

Yo este año no he hecho ninguna lista, aunque si no quiero faltar a la verdad completamente, he de reconocer que mi número objetivo de libros para leer en 2019 si que está establecido. Es más alto que el del año pasado, siempre aumenta de año en año, pero dentro de lo conseguible.

Para el resto de buenos propósitos he decidido valorar la motivación que siento y empezar a intentarlo o descartarlo directamente, y los voy analizando uno a uno, conforme van surgiendo, sin haberme puesto una fecha límite para empezar o desistir. Pero si que he tomado una muy firme decisión sobre ellos: han de hacerme sentir bien, orgullosa y fuerte.

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Amor en Playback – tradiciones en Play

Sigo en periodo festivo y navideño, algunos días disfrutando, y otros sobreviviendo, según el tipo de compromiso que tenga a la vista. Porque las navidades son fechas de compromisos y tradiciones.

De celebrar a la manera de todos y, a veces, un poco a la manera propia de cada uno.

Conforme nos cambia la edad, cambian también las celebraciones, es ley de vida. Yo echo de menos aquellas copas de después de la cena de nochebuena, con mis primos, esas en las que sabíamos cuando empezábamos, pero nunca dónde ni cuando íbamos a terminar. Ahora hacemos quedadas diurnas y nuestro principal objetivo es encontrar un sitio grande y entretenido para que los primos segundos puedan jugar y, con suerte, alcanzaremos a hablar un poco entre nosotros, pero esto último nunca se puede garantizar.

Comidas y cenas clásicas, familiares, con los amigos del cole, con los de la playa, reunirnos y vernos todos de nuevo aunque hayamos quedado hace menos de un mes. Pero también de ver y abrazar a los que están lejos y han venido de visita o a aquellos que nos encontramos por casualidad.
A veces almuerzos o desayunos, incluso con las amigas de todos los días, las de los buenos días por las mañanas y las de compartir todos los dramas. Las de verdad.

Y yo, tradicionalmente, quedo en navidad a tomar café con mi ex.

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Esta no es una reseña navideña ni una reseña infantil.

La navidad me produce ambivalencia afectiva.

Por un lado me encanta y estoy deseando que llegue y me anticipo emocionalmente a todos esos momentos de compartir y ver a la familia y amigos, sobre todo a los que están lejos y vuelven a casa en estas fechas, como el turrón. O en mi caso los polvorones, que es el dulce que verdaderamente me gusta.
Es además una época muy intensa con el pequeño de la casa, que vive maravillado por todo lo que sucede a su alrededor, en un estado de excitación continuo y alerta, creyendo que Papá Noel puede aparecer en cualquier sitio y sin avisar.

Por otra parte me encuentro, más a menudo de lo que me gustaría, deseando que el simulacro de amor y paz se termine para poder volver a mi rutina alimenticia con muchas verduras y a la calma de no intentar que todo el mundo sea feliz.
Me devano los sesos intentando encontrar regalos originales, que hagan felices a los que me rodean, que cumplan con sus expectativas y, si es posible, además echándoles una mano con sus propias compras.

Me vuelvo consumista culpable y sin tiempo, empachada, cansada y malhumorada, gruñona… todo aderezado con villancicos en bucle, que no me puedo quitar de la cabeza. La Navidad saca lo mejor y lo peor de mi, todo a la vez, y me resulta muy confuso.

En resumen, la navidad me estresa.

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Contenido adecuado para niños – Larga vida al Rock’n’Roll

El otro día fui a buscar unos libros para regalar al hijo de una amiga por su cumpleaños y resultó ser una tarea titánica.

Además de despistarme con el vuelo de una mosca y mirar todos los libros que me entraban por el ojo, bien por lo colorido de sus tapas o por las ilustraciones diferentes, o porque ese nombre de autor que me suena… ¡Oh, vaya, mira, esa editorial ha sacado algo nuevo! y un largo etcétera de momentos que la librera observaba con media sonrisa, buscaba temas que me sorprendiesen o motivasen pero, en general la temática era bastante similar al centrarnos en niños de 2 a 3 años:

La amistad.

Que no digo yo que hacer amigos no esté muy bien, ojo, no me malinterpreten, pero con 2 o 3 años los niños aún no terminan siquiera de compartir de buena gana y tienen un concepto de la amistad totalmente universalizado, es decir: son amigos de todo el mundo en su clase aunque la mayoría de las veces no se sepan el nombre de la mitad de sus compañeros.

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El día que cambié a mi padre por dos peces de colores

Como dice la descripción de este blog, vivimos deprisa y nadie cuenta cuentos ya.

Vivimos deprisa y pasamos por la vida como un torbellino, siempre hacia adelante, en la mayoría de los casos con los ojos pegados a una pantalla  siempre con el objetivo de la siguiente meta, sea llegar a trabajar, hacer la compra, cocinar y haciendo infinita esa lista de cosas importantes que debemos tachar, cubrir y a otra cosa, mariposa.

Y yo, por supuesto, no soy menos.

Echo la vista atrás y me sorprendo de que haga más de un mes que escribí el último artículo en esta página. Sé, de buena tinta, que he pensado en escribir algo al menos cinco veces por semana, y he pospuesto el hacerlo con la excusa del tiempo.
No tengo tiempo, he de ir al supermercado, no me puedo permitir el lujo de parar un rato porque he de ver un capítulo más de esa serie que me tiene enganchada, podría levantarme antes y hacerlo pero prefiero dormir media hora más… y ya van 5 semanas.

¿Y qué he hecho, que sea tan importante, en ese tiempo?

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Rosa Caramelo – Día internacional de la niña

Me gustan mucho las agendas. Todos los cursos académicos elijo con cuidado cuál voy a utilizar y la actualizo, la consulto y la llevo a todas partes para planificar mi vida, y mi año. Anoto citas médicas, fechas importantes e incluso la lista de la compra a veces.
La de este año es una agenda con citas literarias de literatura fantástica, dibujos inspirados en Harry Potter, Matilda, Peter Pan, El señor de los anillos y fechas especiales y conmemorativas.

Mi agenda dice que hoy es el “Día internacional de la niña” y siempre me ha llamado mucho la celebración de estos días.

¿Por qué existen los días internacionales? Hago una búsqueda rápida en internet y la respuesta de la Organización de las Naciones Unidas es bastante sencilla:  Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.”

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Los niños y las niñas son extraordinariamente iguales

Leía hace poco una publicación en una conocida página que revindica la “malamaternidad” que dice que sólo 3 de cada 10 lavadoras las pone el hombre.

Cuando supe que estaba embarazada de un niño lo primero que hice fue suspirar de alivio gracias a todos los estereotipos que he absorbido en mis 34 años de vida.
Acababa de aparcar miles de preocupaciones de un plumazo de tipo “La adolescencia de los chicos es más llevadera”, afirmación que, dicho sea de paso y por lo que he preguntado, es completamente falsa (si no me equivoco ellos están igual de perdidos, hormonados y rebeldes que las niñas y, en muchos casos, es una etapa tardía que llega cuando ya no te la esperas), cuando me golpeó la verdadera realidad:

Es mi responsabilidad criar a un niño que se convertirá en un hombre algún día. Y puedo asegurarles que este pensamiento me quita el sueño algunas noches.

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