Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Caca

La vocecita de la conciencia

El otro día fui desagradable con una persona.

De manera gratuita.

Era temprano, estaba esperando un taxi y se colocó delante de mí, con el mismo propósito y a la vista de la luz verde de un vehículo que se aproximaba, salté como si me hubieran presionado un resorte y reclamé la prioridad de posesión de un modo excesivamente agresivo.

En mi defensa podría argumentar que había dormido poco, que era demasiado pronto y que llegaba tarde a coger un tren, pero, en el instante en que vi la cara de estupor de la otra persona, fui consciente de que me había pasado.

Fui demasiado agresiva anticipándome a que la otra persona iba a serlo también, probablemente debido al estilo de la sociedad en que vivimos, sin delicadeza, avasallando antes de que nos pasen por encima, golpeando por miedo a recibir.

Y llevo sintiéndome mal desde entonces, cada vez que me acuerdo.

Es algo que suele pasarme.

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¿Puedo mirar tu pañal? – Qué risa da la caca

Los logros de nuestros hijos son el nuevo rasero por el que medimos nuestro éxito como padres.

Han de ser los primeros en alcanzar las diferentes etapas educativas y madurativas como señal de nuestro status como homo padre superior. Nos empeñamos en crear pequeños humanos funcionales en miniatura y nos olvidamos de disfrutar de cada aprendizaje, cada paso hacia adelante, de cada descubrimiento único que nunca más se dará por primera vez.

Al principio son detalles insignificantes que siembran las conversaciones que mantienes con otros padres, en la mayoría de casos son gente a la que conoces de vista, amigos de amigos, conocidos… esta situación no se suele dar entre tu círculo íntimo y generalmente se componen de dos preguntas: edad del infante y actividad/situación que todavía no se da.
Por ejemplo: “¿Cuanto tiempo tiene?” y acto seguido la bomba nuclear en forma de pregunta:  “Ah, ¿que tu hijo aún no come sólidos?”, “¿aún duerme en tu habitación?”, “¿no anda?” y si me apuras preguntan por cosas que no dependen ni de ti ni del retoño, sino de la madre naturaleza como “¿no tiene dientes?”.

Y tú, madre primeriza, perdida en la vorágine de hormonas que alimentan tus inseguridades, luchando por hacerlo todo lo mejor que sabes o que puedes y en muchos casos aprendiendo por el método ensayo-error porque, os digan lo que os digan, cada niño es diferente y lo que funciona con uno no siempre funciona con el tuyo, el de tu amiga, la vecina, una chica que conozco, el segundo o el de la blogger famosa esa, de pronto piensas “ya lo estoy haciendo mal”.

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