Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Cuentos para dormir

Cuestión de perspectiva – yo te quiero más

A menudo nos enfrentamos a tareas pendientes que pueden parecernos un mundo.

Hay cosas que nos da pereza hacer pero en el fondo subyacen otros sentimientos escondidos a los que asignamos esa etiqueta y puede ser que el esfuerzo requerido no vaya a ser compensado con el resultado, que no sepamos por dónde empezar o que haya otros proyectos que nos parezcan más apetecibles o interesantes.

Necesitamos alicientes para enfrentarnos al día a día o a situaciones puntuales, como ese pastel para el que he comprado todos los ingredientes pero su elaboración requiere mucho tiempo o anoche, sin ir más lejos, que la prioridad para el pequeño de la casa no era ducharse.
¿Nos enfadamos? no, fue cuestión de hacerle cambiar la perspectiva y razonar que, con el mínimo esfuerzo de meterse en la ducha iba a estar más fresco, olería mejor y tendría más tiempo para cenar después viendo la tele.

Y es que la perspectiva de los seres pequeños está distorsionada todo el tiempo, principalmente por el factor tamaño: Todo les parece grande, “mi mamá es muy alta” le escucho decir y sonrío, yo, que apenas llego al 1,56 y entonces me acuerdo de la barandilla de la casa del pueblo de mi bisabuela, que en mi memoria está hecha por columnas enormes y blancas sólo comparables en altura a las del Partenón.

La perspectiva lo es todo para los seres pequeños, no es tarde si ellos no están cansados, es hora de comer cuando tienen hambre y absolutamente siempre es hora de jugar. Leer cuentos es una actividad obligatoria antes de dormir, independientemente de la hora de levantarse al día siguiente o de lo tarde que se nos haya hecho hoy.

Y lo mismo sucede con el amor.

Seguir leyendo

De papás y bibliotecas

Una de mis actividades favoritas es ir a la biblioteca. Cualquier biblioteca y todas las bibliotecas.

Las visito por ocio, placer, trabajo, estudio, por su olor, silencio, contenido, cuando viajo, aquí y en otras ciudades y países. No hago distinciones, generales, especializadas, privadas, municipales, universitarias, infantiles, locales, extranjeras, grandes y pequeñas.

Me gustan todas sin excepción y por eso mismo podría hacer una lista igual de extensa de todas las cosas que no me gustan de ellas, podría escribir una lista general e incluso podría hacer listas individualizadas de mejoras que creo que necesitan cada una de las que visito habitualmente.

El otro día decidimos ir a la biblioteca del barrio a buscar libros infantiles para mi hijo y para mi y estaba cerrada. Un día entre semana. Por la tarde. Cerrada.

Ir a la biblioteca es una de nuestras actividades favoritas. Vamos, ojeamos y hojeamos los libros disponibles, elegimos unos cuantos para leer juntos y unos cuantos para que lea yo, practicamos estar en silencio o hablar bajito todo lo posible, mientras yo hago búsquedas en el catálogo y entre las estanterías él me sigue como si de un juego se tratase y, muy hacendoso, traslada los que yo elijo a nuestra mesa, otras veces y en voz menos baja de lo que hemos practicado, me indica sobre qué quiere leer, esta semana gritó a pleno pulmón “¡El Pirata Palo!” y estuvimos un buen rato buceando en las estanterías.
Compartimos un rato intimo y personal en familia que espero, a largo plazo, le haga integrar la lectura y el amor por los libros del mismo modo que cuando leemos en casa. Y estaba cerrada.

Seguir leyendo