Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Kalandraka

La abuela durmiente – Abuelos infinitos

Miro a mi alrededor, cuando voy en el autobús o andando por la calle, y veo muchos abuelos llevando y recogiendo nietos del colegio o de las extraescolares, dando meriendas y dando la mano por la calle.

Me hace sonreír y recordar cuando era más joven y mi abuelo me esperaba en la puerta del cole, llevando la merienda y la mochila de música, y me acompañaba al conservatorio, donde esperaba hasta que terminaban mis clases, para, de nuevo, acompañarme a casa.

A menudo escucho a gente hacer comentarios sobre situaciones similares y me sorprende la negatividad con la que se habla sobre el papel de los abuelos ayudando a criar a sus nietos.
Se da por hecho que se les impone estas tareas, que los padres de las criaturas abusan de la predisposición a ayudar, que se les exige la crianza de los nietos o incluso que para tener hijos hoy en día hace falta tener abuelos dispuestos.

Me sorprende, ofende y entristece a partes iguales.

Hay gente que se olvida de que quizá, los abuelos estén encantados de pasar un rato con sus nietos, acompañarlos a casa, darles de merendar y formar parte de esa vida diaria

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Rosa Caramelo – Día internacional de la niña

Me gustan mucho las agendas. Todos los cursos académicos elijo con cuidado cuál voy a utilizar y la actualizo, la consulto y la llevo a todas partes para planificar mi vida, y mi año. Anoto citas médicas, fechas importantes e incluso la lista de la compra a veces.
La de este año es una agenda con citas literarias de literatura fantástica, dibujos inspirados en Harry Potter, Matilda, Peter Pan, El señor de los anillos y fechas especiales y conmemorativas.

Mi agenda dice que hoy es el “Día internacional de la niña” y siempre me ha llamado mucho la celebración de estos días.

¿Por qué existen los días internacionales? Hago una búsqueda rápida en internet y la respuesta de la Organización de las Naciones Unidas es bastante sencilla:  Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, los gobiernos y los estados actúen y tomen medidas o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes.”

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Libros, libros, libros…. y la luna

Hace no demasiado comentaba con un amigo la importancia de la lectura simplemente por el placer de leer y por tanto mi cabezonería a la hora de defender cualquier libro siempre y cuando consiga que la gente lea.
Me fascina las muchas veces que he tenido que hacer este alegato ante padres que me pedían literatura de calidad para sus hijos de 9 años en lugar de esa “basura literaria” que les estaba recomendando.

Esa “basura literaria” se convirtió en un record de ventas y sigue, a día de hoy, enganchando lectores de todas las edades en todo el mundo. Esa “basura literaria” era Harry Potter y la piedra filosofal.
Y para mi su mérito sigue residiendo en que enganchó a la lectura a miles de niños y jóvenes que no leían, y los convirtió de nuevo en lectores que, más adelante, han ido derivando su gusto hacia otros géneros y otros autores dentro del proceso natural de crecer y encontrarse a si mismos.

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Cuando yo sea padre – Frederick

“Cuando tenga un hijo no lo trataré así” es una máxima que cada uno de nosotros ha pensado al menos una vez a lo largo de su infancia ante lo que hemos entendido como una negativa, un castigo o un argumento injusto en boca de nuestros progenitores.

Con el tiempo uno crece y esos momentos se diluyen pero en su cabeza, mas o menos, va formando un esbozo de lo que será su perfecto manual de la paternidad y la educación. Y por supuesto se encuentra a años luz del recibido por uno mismo.
Y ese mismo tiempo, implacable, continúa su lento discurrir y un día te miras al espejo de los recuerdos, en mitad de una perorata a tu retoño, y piensas “Mierda, me he convertido en mi madre”.

Y se cierra el ciclo de la vida una vez más.

Ayer, al entrar al mar, se me rompió una de mis cangrejeras. La verdad es que debían tener alrededor de 12 años así que están bien amortizadas y han cumplido su propósito innumerables veranos de salitre, rocas y erizos.  He llevado cangrejeras toda la vida y, ante la tesitura de elegir calzado playero para mi pequeño vástago nunca he tenido la menor duda, cangrejeras como yo, como mis hermanos y mis padres, esas que son patrimonio indeleble de mi infancia.

Sé que hay también otros detalles  que conscientemente he adoptado en ese manual de supervivencia no escrito y al que llamo <<mi manera de educar a mi hijo>> y que son un calco exacto de cosas que hacían conmigo y que poco a poco me acercan, cada vez más, a aquello que dije que nunca sería.

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