Para mí ya no existen las rutinas pre-pandemia.

A mediados de marzo tenía una planificación semanal perfectamente estructurada, cada pieza del puzzle encajaba en su sitio, cuadraban los horarios y tenia, incluso, tiempo para sentarme delante de esta hoja en blanco y desahogar mis inquietudes.

Todo eso se paralizó de golpe y la vuelta al cole no ha supuesto, exactamente, retomarlo todo donde lo dejamos.

Estamos construyendo nuevos horarios adaptados a la nueva realidad que vivimos, y yo me pregunto, todas las mañanas, qué día es para saber si hoy he de ir a trabajar a la oficina o si me quedo en casa y, a partir de ahí, resolver un número infinito de incógnitas: ¿tengo reuniones hoy? De ello dependerá si llevarme el portátil, ¿recojo al pequeño yo? Bici con o sin silla de niño, ¿fiambrera con comida?, ¿equipamiento de fútbol?, ¿mochila con las cosas de inglés? Etc…

Y a veces, de pronto, surgen cambios, novedades, que me dejan sin aliento, paralizada.
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