Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Libros para adultos

Saga – La familia que se forma

Hoy he pensado en hablar un poco de mí y solamente de mí.

Hoy que mi pequeño cumple 3 años echo la vista atrás para repasar cuánto me ha cambiado la vida en estos 1095 días.

El cambio más grande que he experimentado es que ya no pienso sólo en mí, ahora siempre, absolutamente siempre, evalúo el impacto que cada paso que doy tiene en mi núcleo familiar, porque somos 3.
Encontrar pareja, casarte o no y convivir en realidad no te cambia la vida, sigues siendo un único ser humano que vive en sociedad y pareja pero puedes seguir haciendo planes al margen de esta y el orden mundial no se ve alterado. Lo que verdaderamente cambia la vida de las personas es tener otros seres humanos que dependen de nosotros.

En mi caso particular fue procrear.

Mi cuerpo y mi mente se vieron alterados ya durante el embarazo y, aunque tanto la biología como la neurología tienen estudios que explican el porqué de esos cambios, recuerdo como especialmente traumáticas las pérdidas de memoria y lo mucho que me costaba estudiar y retener información.

Y aun así eso no es nada. A partir de ese momento es cuando verdaderamente pasas a ser una persona distinta.

Eres responsable de una vida nueva, literalmente. Alguien que va a ver el mundo a través de tus ojos, tus manos y tu comprensión de todo lo que te rodea y encima estás perdido, porque ya no eres el mismo.
De pronto hasta las responsabilidades que habías adquirido como piedra angular de tu vida pasan a ser anotaciones en el margen de una hoja que reescribes cada minuto, lo que antes era vital ya no importa tanto o incluso no importa, sin más. Todas tus percepciones se transforman, dejas de ser el centro de tu existencia.

Incluso guardas el bocado más sabroso de cada comida para otro.

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Amor en Playback – tradiciones en Play

Sigo en periodo festivo y navideño, algunos días disfrutando, y otros sobreviviendo, según el tipo de compromiso que tenga a la vista. Porque las navidades son fechas de compromisos y tradiciones.

De celebrar a la manera de todos y, a veces, un poco a la manera propia de cada uno.

Conforme nos cambia la edad, cambian también las celebraciones, es ley de vida. Yo echo de menos aquellas copas de después de la cena de nochebuena, con mis primos, esas en las que sabíamos cuando empezábamos, pero nunca dónde ni cuando íbamos a terminar. Ahora hacemos quedadas diurnas y nuestro principal objetivo es encontrar un sitio grande y entretenido para que los primos segundos puedan jugar y, con suerte, alcanzaremos a hablar un poco entre nosotros, pero esto último nunca se puede garantizar.

Comidas y cenas clásicas, familiares, con los amigos del cole, con los de la playa, reunirnos y vernos todos de nuevo aunque hayamos quedado hace menos de un mes. Pero también de ver y abrazar a los que están lejos y han venido de visita o a aquellos que nos encontramos por casualidad.
A veces almuerzos o desayunos, incluso con las amigas de todos los días, las de los buenos días por las mañanas y las de compartir todos los dramas. Las de verdad.

Y yo, tradicionalmente, quedo en navidad a tomar café con mi ex.

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