Leía hace poco una publicación en una conocida página que revindica la “malamaternidad” que dice que sólo 3 de cada 10 lavadoras las pone el hombre.

Cuando supe que estaba embarazada de un niño lo primero que hice fue suspirar de alivio gracias a todos los estereotipos que he absorbido en mis 34 años de vida.
Acababa de aparcar miles de preocupaciones de un plumazo de tipo “La adolescencia de los chicos es más llevadera”, afirmación que, dicho sea de paso y por lo que he preguntado, es completamente falsa (si no me equivoco ellos están igual de perdidos, hormonados y rebeldes que las niñas y, en muchos casos, es una etapa tardía que llega cuando ya no te la esperas), cuando me golpeó la verdadera realidad:

Es mi responsabilidad criar a un niño que se convertirá en un hombre algún día. Y puedo asegurarles que este pensamiento me quita el sueño algunas noches.

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