Predicar con el ejemplo.

Algo tan sencillo de decir y tan complicado de hacer.

Nos auto convencemos, como adultos, de que lo más importante es la salud, una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, no abusar de azucares y ultra procesados, perpetuar hábitos saludables en nuestros niños y…

Y después repetimos comportamientos aprehendidos a lo largo de los años.

Nos quejamos de nuestro peso delante de ellos, criticamos los cuerpos de los que nos rodean sin importarnos quién estará escuchando,  rechazamos comida perfectamente saludable porque “engorda”, vamos a todas partes en coche cuando sabemos fehacientemente que ese sitio está lo suficientemente cerca como para hacernos un favor a nosotros mismos, y de paso al planeta, e ir andando, y un sinfín de contradicciones que dan vida al dicho “haz lo que digo, no lo que hago”.

Se nos llena el discurso de conceptos como tolerancia, ecología, respeto, diversidad, reciclaje y educación emocional mientras se nos olvida el clásico refranero español, y si bien a veces más vale fijarse en las palabras que en los gestos, son estos últimos los que nos delatan.

Y tiran por la borda nuestros esfuerzos educacionales. Seguir leyendo