Llega enero y con él las listas de buenos propósitos surgen como las setas a nuestro alrededor.

Las hay ambiciosas y humildes, realistas e imposibles, súper personales y genéricas y de las que se reciclan de año en año, en estas listas a veces se repiten los mismos propósitos que ya se han intentado al menos una vez.

Una de mis amigas ha decidido hacer una lista de propósitos mensuales, nada excesivamente ambicioso, y va haciendo seguimiento en una libreta nueva con frase motivadora. Y por ahora le pone muchas ganas y yo le deseo mucho éxito.

Yo este año no he hecho ninguna lista, aunque si no quiero faltar a la verdad completamente, he de reconocer que mi número objetivo de libros para leer en 2019 si que está establecido. Es más alto que el del año pasado, siempre aumenta de año en año, pero dentro de lo conseguible.

Para el resto de buenos propósitos he decidido valorar la motivación que siento y empezar a intentarlo o descartarlo directamente, y los voy analizando uno a uno, conforme van surgiendo, sin haberme puesto una fecha límite para empezar o desistir. Pero si que he tomado una muy firme decisión sobre ellos: han de hacerme sentir bien, orgullosa y fuerte.

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