Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Premio Apila Primera Impresión

Ser diferentes, ser monstruo rosa

Predicar con el ejemplo.

Algo tan sencillo de decir y tan complicado de hacer.

Nos auto convencemos, como adultos, de que lo más importante es la salud, una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, no abusar de azucares y ultra procesados, perpetuar hábitos saludables en nuestros niños y…

Y después repetimos comportamientos aprehendidos a lo largo de los años.

Nos quejamos de nuestro peso delante de ellos, criticamos los cuerpos de los que nos rodean sin importarnos quién estará escuchando,  rechazamos comida perfectamente saludable porque “engorda”, vamos a todas partes en coche cuando sabemos fehacientemente que ese sitio está lo suficientemente cerca como para hacernos un favor a nosotros mismos, y de paso al planeta, e ir andando, y un sinfín de contradicciones que dan vida al dicho “haz lo que digo, no lo que hago”.

Se nos llena el discurso de conceptos como tolerancia, ecología, respeto, diversidad, reciclaje y educación emocional mientras se nos olvida el clásico refranero español, y si bien a veces más vale fijarse en las palabras que en los gestos, son estos últimos los que nos delatan.

Y tiran por la borda nuestros esfuerzos educacionales. Seguir leyendo

Guapa – ¡Qué inteligente parece!

Tengo una amiga que siempre que le enseñan la foto de una niña recién nacida dice “qué inteligente parece” o “tiene cara de que va a ser muy inteligente” y a mi siempre me saca una sonrisa porque esa afirmación tan sencilla es una declaración de intenciones poderosa, al mismo tiempo que es un gesto aparentemente inofensivo, si bien encaminado a cambiar el mundo.

Estamos acostumbrados a que la belleza sea el rasero por el que se mide a los bebés, especialmente a las niñas desde bien pequeñas, como una cadena a la que se le van añadiendo eslabones con el paso de los años, para el resto de sus vidas.

Preocupadas por nuestro aspecto, por nuestro peso, inseguras, anteponiendo muchas veces lo físico incluso a nuestra propia salud, nos dejamos mal aconsejar por millones de estímulos externos que nos incitan a estar siempre perfectas, impecables, maquilladas y peinadas y cumpliendo con los cánones de la moda, la publicidad, el cine y la televisión.
Triste y voluntariamente “esclavizadas”, consumiendo recursos que, si aplicasemos a nuestro intelecto nos harían, en muchos casos, sobresalir de manera excepcional.

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