Hay cosas que no puedo hacer ¿o si?.

Cuando nos enfrentamos a nuevos retos dudamos de nuestra propia capacidad, sea en tiempo, resistencia o simplemente habilidad. “No voy a poder” se instala como un mantra en nuestro cerebro lastrándonos hacia la inactividad, sobrecogidos por el miedo y la inseguridad.

Hace un año terminé el máster en el que me había inscrito dos años antes totalmente ilusionada. Era principios de mayo de 2015 cuando me comunicaron que estaba aceptada y, ese mismo día y sin dudarlo, formalicé la inscripción realizando el pago.

Tres semanas después me enteré de que estaba embarazada.

¿Hacer un máster y trabajar al mismo tiempo que entraba en el tercer trimestre de embarazo, daba a luz y pasaba esos primeros meses cuidando de un recién nacido? Me entró el pánico y mi cerebro me afirmó rotundamente “No puedes”.

Y si que pude, por supuesto que pude. Adelanté todo el estudio y trabajo posible en los últimos meses de embarazo e hice mi primer examen mientras amamantaba al pequeño retoño y le dictaba las respuestas a su padre, el mayor y mejor animador que pude encontrar en este periplo. Le robé minutos de descanso a las horas escasas para leer, corregir, subrayar y seguir aprendiendo sobre aquello que me apasiona. La literatura infantil y juvenil.
A finales del primer curso académico los dejé, padre e hijo de escasos 6 meses de vida, mano a mano, para mudarme y asistir a las clases presenciales, mientras me rodeaba de magníficos profesores y los estupendos profesionales que fueron mis compañeros. Y seguí aprendiendo y pudiendo. Porque podemos hacer lo que nos propongamos.

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