Sobre literatura infantil y no tan infantil

Etiqueta: Ser bueno

La vocecita de la conciencia

El otro día fui desagradable con una persona.

De manera gratuita.

Era temprano, estaba esperando un taxi y se colocó delante de mí, con el mismo propósito y a la vista de la luz verde de un vehículo que se aproximaba, salté como si me hubieran presionado un resorte y reclamé la prioridad de posesión de un modo excesivamente agresivo.

En mi defensa podría argumentar que había dormido poco, que era demasiado pronto y que llegaba tarde a coger un tren, pero, en el instante en que vi la cara de estupor de la otra persona, fui consciente de que me había pasado.

Fui demasiado agresiva anticipándome a que la otra persona iba a serlo también, probablemente debido al estilo de la sociedad en que vivimos, sin delicadeza, avasallando antes de que nos pasen por encima, golpeando por miedo a recibir.

Y llevo sintiéndome mal desde entonces, cada vez que me acuerdo.

Es algo que suele pasarme.

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Feliz Feroz día del libro infantil

Han sucedido muchas cosas en las últimas semanas, algunas importantes y otras típicas de la rutina del día a día pero unas y otras me han mantenido alejada del teclado más de lo que me hubiera gustado. Aunque no de los libros ni la lectura, no os preocupéis, eso nunca.

A veces es complicado escribir, el ánimo o el tiempo disponibles no acompañan y la inspiración no se puede forzar, algo que me sucedió el día de la poesía, cuando entré en una librería con la firme intención de comprar un libro (de poesía) que llevaba tiempo queriendo tener y, sin embargo, salí de allí con un libro de relatos.
Previamente había visitado la biblioteca con la clara intención de coger en préstamo ese famoso libro de poesía y en cambio cargué, con un montón de libros infantiles que, a pesar de mis intenciones, no me han inspirado para escribir tampoco.
Las musas estaban empeñadas en huirme.

Por otro lado ha habido dos eventos que me han marcado significativamente en el último mes y la alegría y la tristeza se entremezclan. Una pareja de amigos ha perdido a una perrita, se escapó y todavía no la han encontrado, de ahí la tristeza.
Tristeza pero también el orgullo de pertenecer a un grupo de amigos que no ha dudado ni por un instante en lanzarse a ayudar a aquellos que nos necesitaban, sin cuestionar lo complicado de la tarea, o el horario intempestivo, poniendo nuestras realidades en pausa para pegar carteles, recorrer zonas por donde ha sido vista, e incluso acudir a una llamada en horario laboral por estar más cerca, porque eso es lo que hace la familia y ellos forman parte de la familia que se elige.

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Buenos propósitos de año nuevo

Llega enero y con él las listas de buenos propósitos surgen como las setas a nuestro alrededor.

Las hay ambiciosas y humildes, realistas e imposibles, súper personales y genéricas y de las que se reciclan de año en año, en estas listas a veces se repiten los mismos propósitos que ya se han intentado al menos una vez.

Una de mis amigas ha decidido hacer una lista de propósitos mensuales, nada excesivamente ambicioso, y va haciendo seguimiento en una libreta nueva con frase motivadora. Y por ahora le pone muchas ganas y yo le deseo mucho éxito.

Yo este año no he hecho ninguna lista, aunque si no quiero faltar a la verdad completamente, he de reconocer que mi número objetivo de libros para leer en 2019 si que está establecido. Es más alto que el del año pasado, siempre aumenta de año en año, pero dentro de lo conseguible.

Para el resto de buenos propósitos he decidido valorar la motivación que siento y empezar a intentarlo o descartarlo directamente, y los voy analizando uno a uno, conforme van surgiendo, sin haberme puesto una fecha límite para empezar o desistir. Pero si que he tomado una muy firme decisión sobre ellos: han de hacerme sentir bien, orgullosa y fuerte.

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