Mayo se ha convertido en un mes difícil en mi vida.

Es un mes en el que tengo muchísimo trabajo, en el que, independientemente de cómo me organice, el leitmotiv acaba siendo “no me da la vida”.
La cocina y la compra del hogar se vuelven un caos y vivo el día a día consultando el calendario familiar con pánico a haberme olvidado de algo sumamente importante.
Echo la vista atrás y me doy cuenta de que hace un año me sentía exactamente igual que me siento hoy y de pronto todo paró.

Me rompí.

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