Nadie cuenta cuentos ya

Sobre literatura infantil y no tan infantil

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Algunas niñas siguen queriendo ser princesas – #diadellibro

Llueve en gran parte de España y yo he dormido poco.

Empiezo el día muy temprano entrando a una librería a las 6 y media de la mañana, porque los días como hoy hay que celebrarlos leyendo, visitando librerías y disfrutando de la página escrita en todas sus formas.

Era muy temprano, no había ni amanecido, y yo tenía varios libros entre las manos, intentando decidir a cuál de mis retoños textuales quiero más, cuál representa mejor el día que celebramos, dentro de cuál encontraría la inspiración para hablar desde esta página.

Y mi mente divaga y vuelve una y otra vez a la polémica que vivimos la semana pasada con los libros retirados de una biblioteca , una polémica que se ha alimentado en redes sociales y prensa pero que parte de una base muy sencilla, damos por hecho que los niños no tienen capacidad para la imaginación, que lo que lean ahora les hará perpetuar roles y actitudes hasta la edad adulta. Que no son capaces de salir del texto y escribir su propio futuro, que no aprenden de las moralejas y moralinas, que no ven más allá del espejo que les mostramos.

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Feliz Feroz día del libro infantil

Han sucedido muchas cosas en las últimas semanas, algunas importantes y otras típicas de la rutina del día a día pero unas y otras me han mantenido alejada del teclado más de lo que me hubiera gustado. Aunque no de los libros ni la lectura, no os preocupéis, eso nunca.

A veces es complicado escribir, el ánimo o el tiempo disponibles no acompañan y la inspiración no se puede forzar, algo que me sucedió el día de la poesía, cuando entré en una librería con la firme intención de comprar un libro (de poesía) que llevaba tiempo queriendo tener y, sin embargo, salí de allí con un libro de relatos.
Previamente había visitado la biblioteca con la clara intención de coger en préstamo ese famoso libro de poesía y en cambio cargué, con un montón de libros infantiles que, a pesar de mis intenciones, no me han inspirado para escribir tampoco.
Las musas estaban empeñadas en huirme.

Por otro lado ha habido dos eventos que me han marcado significativamente en el último mes y la alegría y la tristeza se entremezclan. Una pareja de amigos ha perdido a una perrita, se escapó y todavía no la han encontrado, de ahí la tristeza.
Tristeza pero también el orgullo de pertenecer a un grupo de amigos que no ha dudado ni por un instante en lanzarse a ayudar a aquellos que nos necesitaban, sin cuestionar lo complicado de la tarea, o el horario intempestivo, poniendo nuestras realidades en pausa para pegar carteles, recorrer zonas por donde ha sido vista, e incluso acudir a una llamada en horario laboral por estar más cerca, porque eso es lo que hace la familia y ellos forman parte de la familia que se elige.

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Cuando yo sea padre – Frederick

“Cuando tenga un hijo no lo trataré así” es una máxima que cada uno de nosotros ha pensado al menos una vez a lo largo de su infancia ante lo que hemos entendido como una negativa, un castigo o un argumento injusto en boca de nuestros progenitores.

Con el tiempo uno crece y esos momentos se diluyen pero en su cabeza, mas o menos, va formando un esbozo de lo que será su perfecto manual de la paternidad y la educación. Y por supuesto se encuentra a años luz del recibido por uno mismo.
Y ese mismo tiempo, implacable, continúa su lento discurrir y un día te miras al espejo de los recuerdos, en mitad de una perorata a tu retoño, y piensas “Mierda, me he convertido en mi madre”.

Y se cierra el ciclo de la vida una vez más.

Ayer, al entrar al mar, se me rompió una de mis cangrejeras. La verdad es que debían tener alrededor de 12 años así que están bien amortizadas y han cumplido su propósito innumerables veranos de salitre, rocas y erizos.  He llevado cangrejeras toda la vida y, ante la tesitura de elegir calzado playero para mi pequeño vástago nunca he tenido la menor duda, cangrejeras como yo, como mis hermanos y mis padres, esas que son patrimonio indeleble de mi infancia.

Sé que hay también otros detalles  que conscientemente he adoptado en ese manual de supervivencia no escrito y al que llamo <<mi manera de educar a mi hijo>> y que son un calco exacto de cosas que hacían conmigo y que poco a poco me acercan, cada vez más, a aquello que dije que nunca sería.

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Una caperucita roja pero no ingenua

Hay días en que la actualidad me quema la retina y los dedos.

Temas que saltan a la palestra de la información, me dejan el alma un poco mas negra si cabe y se refugian en el cerebro acechando cuando paso los ojos por la estantería de los libros infantiles.

A nadie le es ajeno, en mayor o menor medida, que hay un movimiento generalizado que discute sobre la protección de la mujer,  un tema polémico que se juzga en primeras planas, en la calle, en todas las conversaciones. Todos sabemos de qué estamos hablando cuando escuchamos “no es no” o “me too”.

Es una realidad. Una realidad que duele.

Si quisiésemos podríamos simplificar todas estas noticias acercándolas al imaginario infantil que prácticamente todos compartimos y llamaríamos a sus personajes principales Caperucita y El Lobo. Y de pronto a todos nos suena el cuento.

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